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No soy tu señora… soy tu error romance Capítulo 10

La expresión de Silvana se volvió sombría. Jamás pensó que su madre llegaría al extremo de presentarse en la entrada de la empresa para armar semejante espectáculo. Era una mujer que ni siquiera sabía usar un celular táctil; era imposible que hubiera llegado hasta allí por su cuenta. Había gato encerrado.

Pero en ese momento no tenía tiempo para pensar en conspiraciones. La mirada furiosa y helada del Señor Ríos seguía clavada en su memoria. Con el desastre que acababa de ocurrir, tendría que buscar la forma de disculparse personalmente con él.

Si el Proyecto Noah fracasaba por su culpa, todo el sudor y lágrimas del equipo habrían sido en vano. Estaba a punto de renunciar, sí, pero tenía que ser responsable con los demás.

Silvana se dio la vuelta para subir a las oficinas. Apenas salió del ascensor, escuchó un murmullo de voces.

—No puedo creer que la madre de la asistente Cárdenas sea esa clase de persona. Con razón siempre se le nota el olor a pobreza. Qué buena actriz resultó ser.

Una risita sofocada la siguió.

—Fue un shock total. ¿Cómo es capaz de hacerle eso a su propia sangre?

—Por favor, ¿cuál familia de intelectuales? Lo único que sabe hacer es creerse superior, jajaja.

El rostro de Silvana se enfrió lentamente. Bajó la mirada, ocultando sus ojos.

Apretó los puños con tal fuerza que le dolieron. Todo lo que había intentado esconder durante tanto tiempo... Esas palabras eran como cuchillos hundiéndose directo en su pecho, dejándola sin aliento.

Su familia siempre lograba aparecer en el momento exacto para destruir cualquier triunfo que ella hubiera construido con sus propias manos.

Llevaba años luchando a muerte para huir de esa casa, para demostrar que su talento valía más que sus raíces. Pero todo su oscuro pasado acababa de ser expuesto a la luz pública, desollándola viva frente a todos.

Mientras escuchaba los murmullos, un resentimiento profundo y sofocante comenzó a envenenarle la sangre.

Estaba a punto de dar un paso cuando Leonardo salió de su oficina. El chismorreo se silenció en el acto.

Todos volvieron a sus escritorios, agacharon la cabeza y se clavaron en sus computadoras, aterrados de provocar la ira de Leonardo.

Él se detuvo en seco. Su mirada penetrante barrió la sala, clavándose en cada uno de los presentes, y su voz profunda resonó como un trueno: —Esta empresa no es un lavadero de chismes. Si alguien más decide romper el código de conducta, que ni se moleste en venir mañana.

Tan pronto como terminó de hablar, Leonardo se marchó, sin siquiera notar que Silvana estaba parada detrás de él.

Capítulo 10 1

Capítulo 10 2

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