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No soy tu señora… soy tu error romance Capítulo 8

El rostro de Leonardo se endureció de inmediato: —Silvana, ¡cuida cómo me hablas! Victoria es perfectamente capaz de asumir este puesto. Tu esfuerzo no será en vano, ¿por qué tanta prisa por llevarte el crédito? Cuando sea el momento adecuado...

Silvana soltó una risa amarga, con un brillo de burla en los ojos: —¿El momento adecuado? Me temo que no llegaré a verlo.

No quería seguir discutiendo. Y menos aún le interesaba averiguar cómo iba avanzando el romance entre Leonardo y Victoria. Lo único que le importaba era que el Proyecto Noah —el sacrificio de Jimena, de ella y de todo el equipo— no se fuera a la basura.

Respiró profundo y miró fijamente a Leonardo, con absoluta seriedad.

—Leonardo, espero que lo pienses bien. Esto afecta los intereses de la empresa, no es un juego para nadie.

La expresión de Leonardo se volvió sombría al extremo: —No necesito que me enseñes cómo dirigir mi empresa. Yo soy el jefe, tú eres la subordinada. Lo único que tienes que hacer con mis órdenes, es acatarlas.

Silvana se quedó en silencio un segundo y luego sonrió levemente.

Tenía razón. Él era el jefe, pero siempre olvidaba un pequeño detalle: ella también era su esposa.

—Ya que nuestras opiniones están tan divididas, seguir discutiendo es una pérdida de tiempo.

Silvana exhaló con calma: —Mi decisión sobre el divorcio es definitiva. Si tienes un espacio en la agenda, vayamos al Registro Civil de una vez. Mientras más rápido hagamos los trámites, mejor; no vaya a ser que surjan contratiempos.

Dicho esto, dio media vuelta y salió sin mirar atrás.

Al ver su figura alejarse con tanta determinación, el corazón de Leonardo sintió un repentino pinchazo de pánico, una punzada fugaz.

Una sensación de impotencia al darse cuenta de que algo se estaba saliendo de su control.

Victoria lo miró con el ceño fruncido: —Leo, entonces...

Leonardo la interrumpió tajante: —Mañana asumes tu puesto.

Victoria negó con la cabeza, fingiendo resignación, mientras en el fondo de sus ojos se asomaba un brillo calculador.

Leonardo volvió a sentarse. Se negaba a creer que Silvana hablaba en serio sobre el divorcio, y tampoco iba a permitirlo.

Capítulo 8 1

Capítulo 8 2

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