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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 410

Estrella respondió casi de inmediato:

[Siempre.]

Al leer el mensaje, el alma le volvió al cuerpo a Daniel. Esa condenada, hacía un momento lo estaba amenazando usando a Alonso como excusa.

Aunque pensándolo bien...

Él siempre se había mantenido neutral. Cuando sus amigos tenían problemas de pareja, nunca se metía; esta vez tampoco quería venir. Fue Alonso quien insistió.

¡Caray! Los trapos sucios se lavan en casa, ¿por qué tenían que arrastrarlo a él al medio?

Apenas el auto de Daniel salía de la Mansión Echeverría, entró la llamada de Alonso.

Daniel contestó:

—Alonso.

—¿Aceptó? —preguntó Alonso directo al grano.

—Tus cinco millones... no me los voy a poder ganar —dijo Daniel con un tono de lamento genuino.

No es que le faltaran esos cinco millones, pero el hecho de que Alonso ofreciera pagarle para convencer a Estrella mostraba lo desesperado que estaba.

Pero ni modo, ese dinero era inalcanzable.

El rostro de Alonso se oscureció.

—¿Cómo?

—¡No se quiere divorciar!

Al otro lado de la línea, hubo silencio.

Sentado en su oficina, al escuchar las palabras de Daniel, la expresión de Alonso se volvió negra como el carbón.

No quería divorciarse...

—¿No era ella la que se moría por divorciarse antes? —dijo Alonso apretando los dientes—. ¿No le preguntaste por qué ahora no quiere?

Le daba tanto dinero y aun así se negaba. ¿Qué pretendía? ¿Quería ver a toda la familia Echeverría arder para estar satisfecha?

¿Qué ganaba con todo este drama? ¿Su felicidad dependía de la desgracia de los Echeverría?

—Le pregunté, pero no dijo nada —mintió Daniel.

Del coraje, colgó el teléfono sin despedirse.

Diego dejó un documento sobre el escritorio y se lo acercó con expresión grave:

—Es el último proyecto en el extranjero. Ahora también...

Diego no terminó la frase. Sabía cuánto esfuerzo había puesto Alonso en los negocios internacionales durante años.

Sin embargo, se había acabado. ¡Todo se había esfumado!

La inversión de Alonso en el extranjero había estallado como una burbuja. ¡Pum! Y adiós a todo.

Alonso entrecerró los ojos peligrosamente.

—Prepara el coche. ¡Voy a Grupo Castañeda!

Esta vez, Marcelo realmente quería aniquilarlo.

Una sonrisa fría se dibujó en la comisura de los labios de Alonso. Tantos años de hermandad, y al final, todo se había roto por una mujer.

Marcelo... ¡se había lucido!

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