¿Esa mujer lo usaba de esa manera y él todavía la protegía?
O tal vez...
—¿No me crees? Si no me crees, vamos a la Mansión Echeverría y la confrontamos. ¡Escucha tú mismo cómo habla con ese inglés y le dice que lo extraña!
Al ver que Marcelo defendía a Estrella incluso ahora, Mariela sintió una rabia incontenible. ¿Cómo era posible? Estrella lo había traicionado, ¿no? Y a ella, que había caminado tanto para advertirle, la trataba así.
Recordó todo lo que había sufrido estos días por culpa de esa mujer, y se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Sí, soy vulgar, ¡pero ella me obligó! ¿Sabes lo prepotente que se ha vuelto en mi casa gracias a ti? Tiró todas mis cosas de mi habitación. Y ahora, ¿me pegas por una mujer que te traiciona?
Mariela perdió la cabeza. No dejaba de recordarle una y otra vez la supuesta traición. Que no se divorciaba de Alonso, que tenía un amante en Inglaterra.
—¿De verdad eres tan «mente abierta»? Tiene esposo, tiene amante, ¿y tú qué eres para ella?
Antes de terminar la frase, no supo ni cómo, el hombre ya estaba frente a ella. Una mano grande y fuerte le apretó el cuello. En un instante, Mariela sintió que se le iba el aire. La visión se le nubló.
La fuerza de Marcelo era brutal, casi le rompe el cuello. Sintió una intención asesina, pura y dura. Una crueldad que le decía que su próximo destino era el cementerio.
Mariela, en un instinto de supervivencia, agarró la muñeca de Marcelo, intentando inútilmente soltarse.
Mariela, boqueando por aire, vio el repudio en los ojos de Marcelo y sintió una humillación insoportable. Ya no se atrevió a decir ni una palabra más. Tenía pavor... Marcelo realmente iba a matarla. Por una mujer que jugaba con él, casi la mata a ella.
Al ver que Mariela seguía ahí tirada, Eduardo le urgió:
—Señorita Echeverría, ¿qué sigue haciendo aquí? ¡Váyase de una vez!
¿Acaso quería morir? Ya casi la despachaban al otro mundo y seguía ahí pasmada.
Mariela reaccionó. Se levantó temblando del suelo. Jamás imaginó que venir a buscar a Marcelo terminaría así. Estrella lo había traicionado... y en lugar de ir a matar a Estrella, ¡casi la mata a ella!

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