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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 413

Cinco minutos después.

Mariela estaba frente a Marcelo en su oficina. El hombre, impecable en su traje, irradiaba una presencia intimidante incluso sentado revisando documentos. Mariela tragó saliva.

Se acercó al escritorio y se topó con la mirada profunda y aterradora de él. Aunque Mariela había crecido en la familia Echeverría y había tratado con todo tipo de gente, la mirada sombría de Marcelo la paralizó.

—Hoy escuché a Estrella hablando por teléfono —dijo nerviosa— con un inglés. ¡Era un hombre! Dijo que en cuanto terminaran sus asuntos en Nueva Cartavia, se regresaría a Inglaterra. ¿Sabes lo que eso significa?

Marcelo entrecerró los ojos.

—¿Qué significa?

—Que es una zorra. Te está engañando, te usa para atacar a los Echeverría. Es una facilota, nunca te quiso de verdad —soltó Mariela con urgencia al ver la incredulidad en los ojos de él.

Sin embargo, ante los insultos contra Estrella, la mirada de Marcelo se volvió gélida al instante.

Mariela notó el cambio, pero lo malinterpretó. Creyó que a Marcelo le dolía la traición de Estrella. ¡Sintió un triunfo interno! Continuó con más ímpetu:

—Esa maldita te usa mientras se revuelca con su amante inglés, y encima no se divorcia de mi hermano Alonso. ¡Quiere quedarse con todo! ¿De verdad vas a seguir ayudándola y protegiéndola así?

Marcelo la miró con frialdad, sin decir una palabra.

Al ver que el rostro del hombre se volvía cada vez más peligroso, la satisfacción de Mariela creció. Ahí estaba... a los hombres les gustan las mujeres leales. Alonso no dejaba a Estrella porque no sabía de sus porquerías, pero ahora que se sabía que andaba con Marcelo, hasta él quería el divorcio. Y Marcelo... al enterarse de esto, no solo dejaría de protegerla, ¡seguro querría destruirla!

—¡Escuché claramente cuando le dijo «te extraño» por teléfono! —enfatizó Mariela esas palabras, por si Marcelo no había captado lo importante.

—Tú...

—La familia Echeverría se dice ser de las mejores de Nueva Cartavia, y tú supuestamente eres una dama de sociedad. ¿Cómo puedes ser tan vulgar y maleducada? —dijo Marcelo con voz sepulcral.

Mariela se quedó helada.

—¿Así es como la señora Echeverría las educa?

—No, no es eso... Es que estoy muy enojada, la odio por engañarte, ¡se está burlando de ti! —tartamudeó Mariela, sin poder creer lo que veía.

¿Qué le pasaba? ¿Por qué la seguía defendiendo?

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