Mariela no pudo contener su frustración y llamó a Alonso. Alonso iba de camino a ver a Marcelo, ya que todos los negocios en el extranjero estaban paralizados.
Al recibir la llamada de Mariela y escuchar que Estrella tenía un amante británico, sus ojos se llenaron de una frialdad sombría que rápidamente se transformó en una locura creciente.
Apretó el teléfono con fuerza.
—¿Un amante británico? Mariela, si me estás mintiendo te juro que te parto la cara.
Aunque en el fondo empezaba a creerlo, conociendo el historial de Mariela hablando mal de Estrella, Alonso mantenía una pizca de duda.
—Te digo la verdad, mamá y yo lo escuchamos —aseguró Mariela con firmeza.
—¿Qué escucharon?
—Le dijo a ese inglés que lo extrañaba. ¿Qué tipo de relación crees que tienen para decirle eso a otro hombre?
Alonso se quedó mudo. Si antes dudaba, ahora lo creía. Apretó el celular con tanta fuerza que parecía que iba a triturarlo.
—Alonso, es una mujerzuela. No entiendo qué le ven tú y Marcelo —gritó Mariela—. Esa mujer ha sido una desgracia para nuestra familia. Cuando te decía que era mala no me creías, te enojabas conmigo y con mamá. ¿Ahora ya ves? ¡Es una zorra!
—¡Cállate! —rugió Alonso.
El insulto de Mariela detonó su furia. Era una reacción instintiva. Antes, cuando Mariela insultaba a Estrella, a él le molestaba. Y ahora, a pesar de todo lo que pasaba entre ellos, al escucharla llamarla así de nuevo, su instinto fue defenderla.
El grito dejó a Mariela pasmada.
—¿Todavía la defiendes?
Después de semejante traición, ¿aún la protegía? Mariela respiró hondo, sintiendo que le faltaba el aire.
Si alguien le pedía volver a ver a Marcelo, se negaría rotundamente. Casi pierde la vida.
—¿Te golpeó así y casi te ahorca? A ver, ¿qué le dijiste exactamente?
—¡Ya no preguntes! ¡Te ruego que no preguntes más!
Caminando contra el viento, con hambre, frío y dolor, Mariela no quería hablar. Y menos cuando su madre sonaba como si fuera culpa suya.
Isidora se calló, pero por dentro hervía de rabia. Mientras caminaban, empezó a refunfuñar:
—Ay hija, desperdiciaste una oportunidad de oro. Era el momento perfecto para acabar con Estrella.
Isidora estaba indignada. Era la mejor oportunidad.

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