En cuanto a Alonso...
Antes, cuando tenía poder, sin importar los berrinches que hicieran Isidora o Mónica, él siempre se ponía de su lado sin pensarlo dos veces y resolvía todos sus problemas.
¡Pero ahora...!
Cuando ni él mismo podía contrarrestar las tácticas de Estrella, los pleitos entre Mónica e Isidora solo lo hartaban más, ya que no podía solucionarlos.
—Si no puedes hacer nada, entonces cállate y no estorbes —le soltó Mónica de mala gana a Isidora antes de salir con Sandra.
Al escuchar esa última frase, Isidora casi se desmaya del coraje.
—Vaya, vaya. Ahora resulta que una por una se me quieren montar, ¿verdad?
Cuanto más lo pensaba, más se le subía la sangre a la cabeza.
Sin embargo, ¿qué podía hacer ahora? Esa era su casa, pero ni siquiera podía prepararle un plato de sopa a su propia hija.
Finalmente, Isidora regresó a su habitación con las manos vacías.
Mariela vio que no traía nada.
—Mamá, de verdad tengo mucha hambre.
—Voy a... voy a llamar a Cintia —dijo Isidora.
Antes, cuando Mariela le pidió que llamara a Cintia Echeverría, Isidora no había querido. Pero ahora, no tuvo más remedio que tomar el celular y marcar.
Sin embargo, llamó una y otra vez, y no hubo respuesta.
Isidora miró la hora en su celular y frunció el ceño.
—¿Cintia tiene la costumbre de poner el celular en silencio para dormir?
—Sí, lo hace —asintió Mariela.
Era irónico que Isidora ni siquiera conociera los hábitos de Cintia, su propia hija.
—Entonces aguanta una noche más.
Realmente no había otra opción.
—Pero llevo todo el día sin comer —se quejó Mariela.
—Yo igual.
Isidora cerró los ojos un momento. Ahora, definitivamente no se atrevían a desafiar a Estrella.
Pero, ¿por qué se subía Mónica a su coche?
Alonso entornó los ojos.
—¿Viste eso?
Diego miró instintivamente a Alonso por el retrovisor y asintió.
—Lo vi, señor. Efectivamente era la señora.
—¿El coche es de Martín?
—Sí, y el que conduce es Martín.
Alonso se quedó en silencio.
¡Era Martín de verdad!
Al ver a Mónica subirse al auto de Martín, pensó que había visto mal, pero al parecer no se equivocaba.
¡Mónica conocía a Martín! Eso era algo que nunca habían sabido. ¿Por qué tendría tratos con un tipo tan despreciable?
—¿Los seguimos? —preguntó Diego con nerviosismo al ver que Alonso no decía nada.

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