Al escuchar las palabras de Estrella, Alonso miró instintivamente hacia afuera. Al ver la violenta escena, no mostró reacción alguna.
Su mirada era gélida.
Eso sorprendió un poco a Estrella, quien soltó con sarcasmo:
—Antes, si Mónica perdía un solo cabello, eras capaz de correr desde la Mansión Arsenio hasta la casa de tus padres. ¿Por qué tan despiadado ahora?
—¿Para qué preguntas si ya sabes la respuesta? —respondió Alonso.
Estrella soltó una carcajada. Esa respuesta, sumada a la frialdad en los ojos de él, le resultó hilarante.
Dejó la taza de té sobre la mesa.
—¿Así que de pronto dejaste de creerle?
La fe ciega que Alonso tenía por Mónica era algo que realmente daba... asco. Antes, sin importar lo que Mónica hiciera, Alonso siempre encontraba la excusa perfecta para justificarla. Incluso si la veía subirse al coche de Martín con sus propios ojos, era capaz de inventarse que seguramente la habían obligado.
Una confianza a prueba de balas.
Que ahora desconfiara de ella tan repentinamente era una sorpresa.
Alonso soltó una risa seca.
—¿No es esto lo que querías ver?
—¡Claro que sí! Siempre quise verlo, pero antes nunca me diste el gusto de presenciar este final, ¿verdad?
Que Alonso dejara de creer en Mónica era algo que Estrella había deseado por mucho tiempo. Pero cuando ella lo deseaba, él jamás se lo concedía. Nunca...
Alonso entrecerró los ojos y no respondió. Dio una calada profunda al cigarrillo, consumiendo la mitad que le quedaba de un solo golpe.
Tras apagar la colilla en el cenicero, se levantó y caminó con frialdad hacia la salida.
Al llegar a la puerta, el hombre pareció recordar algo. Se detuvo y se giró hacia Estrella.
—¿De verdad no te queda ni un poco de cariño por mí?
En cuanto la pregunta salió de su boca, Alonso quiso abofetearse a sí mismo.
Aunque ella decidiera destruir a toda la familia Echeverría, se lo tenían bien merecido. ¿Con qué cara podían reprocharle algo? Y él... ¿con qué derecho se lamentaba?
—Alonso, esto no es verdad, tiene que ser un error, ¿cierto?
Isidora corrió hacia él, jadeando.
La mujer, que momentos antes golpeaba a Mónica, ahora sostenía un documento frente a su hijo, temblando de pies a cabeza.
Las manos con las que sujetaba los papeles no paraban de sacudirse.
No quería creer que ella había causado la muerte de la madre de Estrella, pero al ver la investigación de Alonso, se le estrujó el corazón.
Con los detalles frente a sus ojos, recuerdos que había bloqueado comenzaron a resurgir.
¡Ella había matado a la madre de Estrella!
Aunque se resistía a creerlo, el informe era demasiado detallado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...