¿Ahora qué hacían?
Darle asilo no era una opción; nadie se atrevía.
Con todos los incendios que Estrella había provocado metafóricamente, ¿quién se atrevería a hospedar a uno de los Echeverría? Pero dejarlo en la oficina del Grupo Echeverría tampoco era seguro.
¿Y si a Estrella le daba por prenderle fuego a la oficina también?
Pensándolo bien, la oficina estaba descartada. Si la quemaba, la familia Echeverría perdería hasta su último refugio.
Renato miró a Daniel.
—Tú te llevas bien con Estrella, ¿por qué no le echas una llamada?
—¿Yo? ¿Llamarla a ella?
—¿Pues qué más vamos a hacer? —Renato puso cara de fastidio—. ¡Yo pinto menos todavía frente a Estrella!
En estos momentos, encontrar a alguien que pudiera dialogar con Estrella era misión imposible.
Con la actitud que traía, parecía dispuesta a poner a toda Nueva Cartavia patas arriba.
Sin otra opción, Daniel tuvo que armarse de valor y marcarle a Estrella.
Estrella estaba en la Mansión Echeverría. Acababa de disfrutar del espectáculo y volvía a su habitación cuando llegó Violeta.
Estos días, como había chisme y drama en la casa de los Echeverría, ¡Violeta venía a diario con gusto!
Pero, en realidad, Estrella se había dado cuenta...
Venía por causa de Marcelo. Cada vez que venía, soltaba un montón de cosas buenas sobre él. ¡Capaz que Marcelo la había enviado para vigilarla a ella y a Alonso!
—La verdad, ¿cómo llegaste hoy? —preguntó Estrella de repente.
La pregunta tomó por sorpresa a Violeta, quien se tensó.
—¿Eh?
—Has estado hablando maravillas de Marcelo todo el rato. ¿No será que Marcelo te trajo? ¿Te compró?
—¡No me trajo Marcelo, fue Eduardo! —exclamó Violeta.
Al escuchar esto, la respiración de Estrella se agitó incontrolablemente.
—Yo tampoco lo tengo claro.
No era solo que Violeta lo sintiera. Ella, de hecho, también lo percibía.
Era como si Marcelo la conociera desde hacía mucho tiempo, pero ella no tenía ningún recuerdo de él.
—En fin, Marcelo es bastante bueno contigo. Alonso, en cambio... —Violeta no encontraba ni una sola palabra buena para describir a Alonso.
Si tuviera que buscar algo bueno, lo había. El problema era que había abandonado a Estrella demasiadas veces.
—En resumen, ni se te ocurra volver con él.
—¿De qué estás hablando? —replicó Estrella.
¿Volver con Alonso? Si ella tuviera la más mínima esperanza de volver a lo de antes, no habría armado todo este alboroto.
Justo en ese momento, entró la llamada de Daniel.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...