Al ver que era Daniel, Estrella contestó directamente:
—¿Qué quieres?
Hablaba con Daniel con la misma confianza de siempre. Al fin y al cabo, era la única persona del entorno de Alonso con la que podía hablar. Aunque estuviera en guerra con Alonso, no tenía por qué arrastrar a Daniel al conflicto.
—Estrella, estem... Alonso está conmigo —dijo Daniel.
Estrella guardó silencio un segundo y su tono se ensombreció:
—¿Y qué quieres que haga?
—Pues verás, bebió muchísimo. Queremos llevarlo a casa, ¡pero tu gente en la entrada no nos deja pasar!
—¿Y?
—¿Podrías decirles que se aparten? ¿Que dejen entrar mi coche para dejar a Alonso?
—¿No te dijeron la razón por la que tu coche no puede entrar?
—¡Sí, lo dijeron! ¡Dijeron que es porque Alonso va en el coche!
—Pues ahí lo tienes. No los presiones, solo siguen órdenes.
Daniel se quedó mudo.
¿Acaso no sabía que seguían órdenes? Precisamente porque lo sabía la estaba llamando, esperando que ella autorizara el paso.
Pero ahora Estrella estaba...
Vale, lo entendió. Mientras Alonso estuviera en el coche, no entrarían.
Daniel suspiró.
—Entonces, ¿puedo llevarlo de vuelta al Grupo Echeverría? ¡Que duerma en la oficina!
Si no lo dejaban entrar, pues ni modo. La Estrella de ahora era despiadada con toda la familia Echeverría; nadie podía abogar por ellos.
Daniel se sentía impotente.
—Tú... inténtalo —dijo Estrella.
No dijo que sí ni que no. Pero ese «inténtalo» fue suficiente para hacerle temblar el corazón.
Daniel captó la amenaza en el tono de Estrella.
—No, Estrella, oye...
Renato se llevó la mano a la frente.
—Creo que hoy no debimos haber salido.
—Pero como hermanos, si nos llaman, no podemos no venir.
Además, últimamente Alonso les había pedido ayuda y no se habían atrevido a dársela. Si los llamaba para beber y tampoco iban, la hermandad se iría al diablo.
Pero ahora... Alonso estaba borracho hasta la inconsciencia y ellos se estaban volviendo locos.
—¿Y ahora qué hacemos? Mañana tengo un contrato importante, necesito irme a dormir ya —se quejó Renato.
Hasta el siempre tranquilo Renato empezaba a tener emociones negativas. Acababa de hacerse cargo de la empresa y el viejo todavía lo tenía vigilado. Esto le iba a estropear los planes. Sentía que realmente no debió haber venido.
—¿Tienes prisa por ir a dormir? ¿Qué insinúas? ¿Que lo cargue yo solo? —reclamó Daniel.
—No es mala idea —respondió Renato.
—¡El simple hecho de pensarlo ya es un abuso, güey!
Con ese camino tan largo, incluso caminar hasta la Mansión Echeverría con las manos vacías cansaba. ¿Y cargando a alguien?
—¡Apúrate, órale! —urgió Renato.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...