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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 658

—Tú, ¿cómo puedes...?

—¿Cómo puedo humillarte así? —interrumpió Estrella—. ¿No te encantaba humillar a la gente antes? ¡Y no solo a mí, sino a todos los empleados de la familia Echeverría!

—Siempre que llegabas a un lugar y algo no te parecía o no te gustaba, ¿no te encantaba ponerte a insultar?

¿Por qué Sandra no le era fiel a Mónica?

¿No era acaso porque cuando Mónica regresaba a la casa de los Galindo, mostraba esa misma cara prepotente?

Y ni hablar de cuando estaba con los Echeverría.

Siempre que estaba frente a algún miembro de la familia Echeverría, era todo dulzura y elegancia.

Isidora, cada vez que salía, le decía a todo el mundo que su nuera mayor era muy educada, muy gentil, muy culta...

Pero era esa misma "mujer culta" la que, donde ellos no la veían, les hablaba a los empleados con una arrogancia y un despotismo absolutos.

Si algo no le gustaba, ¡insultaba y golpeaba!

¿Y ahora resulta que no aguanta que le digan sus verdades?

Mónica se quedó callada.

Al escuchar eso, no supo qué responder.

—Podrías haber tenido tranquilamente al hijo de Julián, pero no, tuviste que ir a embarazarte de Martín.

—¡Así que la vida o muerte de ese niño no tiene nada que ver conmigo ni con los Echeverría!

Los Echeverría...

Antes Mónica decía que, como Estrella y Alonso aún no se habían divorciado, ella seguía siendo la tía del niño.

¡Así que ella, como tía, tenía que hacerse cargo!

Mónica se derrumbó en el suelo, sin fuerzas.

—Los Echeverría y los Cáceres nunca se han llevado bien. No esperarás que yo, siendo parte de los Echeverría, me ponga a cuidar a un Cáceres, ¿verdad? —continuó Estrella.

—Los Cáceres son tan poderosos, ¿por qué no contratan ellos mismos al doctor Owen Klein y ya?

Los Cáceres, que antes no eran gran cosa, se empeñaban en compararse con los Echeverría.

Incluso habían armado toda una conspiración en las sombras.

—¡Tú qué vas a ser una Echeverría si ya te vas a divorciar de Alonso! —gritó Mónica, desesperada y acorralada, sin poder contenerse.

Ese coraje atorado en el pecho casi la volvía loca.

—¡Pues mejor! —respondió Estrella—. ¡Así tengo menos razones para involucrarme!

—¡Es solo un niño!

Mónica guardó silencio.

—¡Ja! ¿Te quieres morir? Si de verdad quisieras morirte, no estarías aquí rogándome por el niño. ¡Al final, quieres salvarlo para poder seguir viviendo la buena vida con los Cáceres!

Estrella expuso sus intenciones tan claramente que Mónica quiso que la tierra se la tragara.

—Tú...

—¡Malcolm!

—Sí, señorita.

—¡Dale la medicina!

Dijo Estrella con una sonrisa en los labios.

Al instante, Malcolm asintió y colocó la medicina que ya tenía preparada frente a Mónica.

Mónica miró a Estrella sin entender.

—Esa medicina te quitará la vida. Tómatela. Si te la tomas, salvo a tu hijo. Si lo haces, creeré que realmente quieres ser una madre digna.

Estrella enfatizó la palabra "digna" con sarcasmo.

La cara de Mónica se puso completamente blanca, y su valor se esfumó por completo.

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