—¿Tienes el descaro de mencionar a mi hermano?
Al escuchar que Mónica mencionaba a Julián en ese momento, Alonso no podía dar crédito a sus oídos.
La miró con un desprecio absoluto, cargado de ironía.
Mónica no soportaba que la viera así.
Apretó con más fuerza el brazo de Alonso: —¡Ya lo sé! ¡Sé que ahora todos piensan que traicioné a Julián, que soy la peor de las mujeres!
—¿Acaso no lo eres?
Mónica se quedó muda.
¡No sabía qué responder!
Sí, cualquiera que juzgara la situación le daría la razón a él. Ella era la que había fallado.
Ella era la culpable...
—Pero antes fui su esposa.
Ahora que ya no veía esperanza con Martín, había puesto sus ojos de nuevo en Alonso.
Conocía la capacidad de Alonso; lo había visto trabajar en la empresa.
¡Alonso tenía poder!
Si lograban superar esta crisis, la familia Echeverría podría recuperarse.
Ya que las puertas de la familia Cáceres estaban cerradas para ella, su única opción era aferrarse a los Echeverría.
Alonso, por supuesto, sabía exactamente lo que pasaba por la mente de Mónica.
—¡No sé con qué cara te atreves a decir eso! Mónica, eres la mujer más repugnante que he conocido.
Mónica sintió un hueco en el estómago.
Su rostro palideció de nuevo.
Alonso se soltó bruscamente de su agarre, sin ocultar el asco en su mirada: —¿Y todavía tienes el cinismo de buscar la protección de los Echeverría?
—¿Martín te dio la espalda? ¿Te desechó después de usarte? Conspiraste con él para matar a Julián, provocaste que Estrella perdiera a sus hijos dos veces, ¿y todo para qué? ¿Para que el bastardo de Martín heredara todo el patrimonio de los Echeverría?
—Destruiste mi matrimonio con Estrella, ¿qué sigue? ¿También quieres que me muera yo?
—No, las cosas no son como piensas —negó Mónica instintivamente con la cabeza.
—¡Ja! ¿Que no?
Mónica no supo qué decir.
—¿Cómo que no? Ahora que Martín te botó, quieres seguir prendida de la familia Echeverría, ¿verdad?



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