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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 711

El abogado llegó rápidamente.

Alonso y la junta directiva ya habían firmado todos los documentos, incluidos los principales accionistas.

El simple hecho de conseguir esos papeles dejaba claro el desastre en el que se había convertido el Grupo Echeverría últimamente.

El abogado revisó todo con mucho cuidado, punto por punto. Finalmente, le entregó los papeles a Estrella:

—Señorita, todo está en orden.

—Perfecto.

Estrella tomó los documentos, los firmó todos y luego los empujó hacia Cecilia.

Justo cuando Cecilia estiró la mano para tomarlos, Estrella los sujetó con fuerza:

—¿Es todo?

—¿Qué más quieres? —preguntó Cecilia de muy mala gana.

¡Vaya descaro! Ninguna esposa de una familia adinerada exigía tantas locuras durante un divorcio.

Pretendía quedarse con todo el Grupo Echeverría.

Se sentía intocable solo porque Marcelo la estaba protegiendo.

Con todo el escándalo entre ella y Alonso, ¿creía que todavía podía casarse con Marcelo? Él jamás la convertiría en su esposa.

E incluso si a Marcelo se le cruzara por la cabeza, los mayores de la familia Castañeda nunca lo permitirían.

Igual que ocurrió en su momento con los mayores de la familia Echeverría...

—Y los fondos de la familia Echeverría, ¿qué? —preguntó Estrella.

Todos los acuerdos firmados solo abarcaban al Grupo Echeverría. ¡Faltaba el dinero!

Al escuchar la palabra «dinero», la cara de Cecilia se descompuso.

—Ya te entregaron todo el Grupo Echeverría, ¿qué más dinero quieres?

¡Ese capricho! Su avaricia no tenía límites.

No le bastaba con la empresa, ahora quería cada peso de la familia Echeverría.

—¿Qué te importa lo que yo quiera pedir? —espetó Estrella—. ¡Tú solo eres una mensajera!

—Tú... —murmuró Cecilia.

Estrella se enderezó y le dirigió una mirada helada:

—Para ser una simple mensajera, te estás metiendo donde no te llaman, ¿no crees? Solo responde lo que te pregunto. Cierra la boca y deja de decir tantas estupideces.

¿Todavía querían jugar a las fuercitas?

Se notaba que los golpes de las últimas semanas no les habían dolido lo suficiente.

Estaban a un paso de terminar en la calle y, aun así, se aferraban a su terquedad.

Cecilia se quedó muda.

¡Al escuchar esas palabras, su semblante se ensombreció por completo!

Nunca imaginó que la avaricia de Estrella llegara a tal extremo de rechazar quedarse solamente con el Grupo Echeverría.

Quedaba claro que tenía en mente hasta la última de sus exigencias, sin olvidar ningún detalle.

Recordaba a la perfección el infierno que los Echeverría le habían hecho pasar.

Ahora, no iba a ceder ni un milímetro.

Ella era la viva imagen de la frialdad y el rencor.

—Tú y Alonso, al final del día, fueron marido y mujer. ¿De verdad es necesario llegar a este extremo? ¡Lo que estás pidiendo es una locura!

Para Cecilia, aquello no era más que un pleito de pareja. Pero ahora, ¿a cuántas personas estaba arrastrando? Y no solo eso...

Con las exigencias actuales, se suponía que en el momento en que Alonso le entregara todos sus bienes a Estrella, el asunto se terminaría.

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