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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 712

Sin embargo, ¿su objetivo era únicamente el Grupo Echeverría?

No, no le bastaba con la empresa, también quería... ¡el patrimonio absoluto de la familia Echeverría!

Lo que pudiera llevarse, se lo llevaría. Y lo que no, prefería prenderle fuego antes que dejárselo a ellos.

Era la primera vez que Cecilia lidiaba con alguien tan irracional e implacable.

Ante los reclamos, Estrella ni siquiera se inmutó. Se limitó a mirarla con total indiferencia.

Su mirada gritaba que la consideraba una metiche insoportable, y que ni siquiera valía la pena malgastar aire en contestarle.

Cecilia, incapaz de soportar aquella presión silenciosa, se puso de pie y se alejó para marcarle a Alonso.

Le describió con lujo de detalles la arrogancia y las exigencias de Estrella.

Tras escuchar el reporte, Alonso no tardó en llamar directamente a su todavía esposa.

A través de la bocina, la voz del hombre sonaba desgastada, vacía de emoción:

—¿Con mis propiedades no es suficiente?

Durante esos últimos días, Alonso ya había gritado, ya había hecho sus berrinches y había soltado toda su ira.

Pero para Estrella, nada de eso significaba nada.

Y ahora, él simplemente ya no sabía cómo lidiar con ella.

—¡La vida de mi madre no tiene precio! —replicó ella con dureza.

Alonso no supo qué responder.

—Todo ese infierno que viví en el orfanato, ese del que tu madrecita y el resto tanto se burlaban... fue obra exclusiva de los Echeverría.

¿De verdad creían que iba a perdonarles todo a cambio de un par de empresas y cuentas a su nombre?

Aquellas palabras fueron como un puñetazo al estómago para Alonso. Se sintió asfixiado.

—Tu enviada Cecilia dice que soy una irracional —continuó Estrella—. Dime, ¿soy yo la que está loca, o la familia Echeverría es un asco?

Un pesado silencio se apoderó de la línea por parte de él.

—Todos ustedes están desesperados por terminar esta pesadilla, ¿no? ¡Pues terminémosla! ¡Diles que dejen de aferrarse a estupideces!

—Si creen que pueden jugar conmigo a dar lástima después de haberme pisoteado durante años, están muy equivocados. Cuando me destruían la vida, nadie se tentó el corazón para pensar si hacían bien o mal.

Querer lastimarla y luego esperar piedad era una completa ilusión.

—¿En serio tienes que llegar tan lejos? —preguntó Alonso en un susurro.

—¡Sí!

Esa respuesta salió de los labios de Estrella cargada de una determinación absoluta.

—¡No lo entiendes! ¡Quiero que se arranquen la vida ellos mismos, pedazo por pedazo!

Si ahora sentían agonía, si la culpa y la desesperación se los estaba tragando... todo se lo habían ganado a pulso.

Marcelo negó con la cabeza, esbozando una sonrisa de resignación.

—Ay, mujer.

—Me voy a dormir temprano esta noche.

—¿Ah, sí? —murmuró él, sorprendido.

La repentina declaración lo dejó algo desconcertado.

—Es probable que mañana en la madrugada me vengan a despertar muy temprano —explicó ella.

—¿Por qué lo dices?

—Porque esta es su última noche. Van a quemar sus últimos cartuchos antes de darse por vencidos.

Les había cortado cualquier posible salida.

Sus últimos ahorros y refugios habían desaparecido ese mismo día. Era obvio que no aguantarían mucho.

Seguramente pasarían toda la noche arrancándose los pelos de la ansiedad por ceder a todo.

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