Renato no podía creer que Alonso hiciera algo semejante; se resistía a aceptarlo.
—¡Yo tampoco creo que Alonso haya huido, pero lo hizo! —dijo Daniel—. Yo mismo lo llevé, ¿crees que no sé lo que fue a hacer esta vez?
Al escuchar eso, Renato no supo qué más decir.
¡Se había largado!
—Entonces Estrella te va a despedazar, ¿no? Tú fuiste quien lo sacó de Nueva Cartavia.
Con todo el alboroto de los últimos días.
Estrella había prohibido que cualquier miembro de la familia Echeverría saliera de Nueva Cartavia.
Así que ahora que Daniel había hecho algo semejante, ¿acaso Estrella no iba a querer acabar con él?
De por sí Daniel ya no sabía qué hacer.
Y ahora, al escuchar las palabras de Renato, le daban ganas de desmayarse y ya.
—Mejor ni lo digas, ¡ahora mismo solo ruego para que el coraje de Estrella y Marcelo baje un poco!
—Sí, también está Marcelo. Seguro que Marcelo también te quiere matar —asintió Renato.
No hacía falta mencionar lo mucho que Marcelo había protegido a Estrella últimamente.
Además, Marcelo también estaba esperando que ella se divorciara de Alonso.
Con toda esta situación...
—¡En este momento de verdad quisiera desmayarme! —exclamó Daniel.
—Deberías contactar a Alonso.
—Ya te dije que me bloqueó.
—Ah, caray...
Eso sí que era una puñalada por la espalda a otro nivel.
Hay que recordar que, en este momento, era dificilísimo para Alonso salir de Nueva Cartavia.
¡Que Daniel lo hubiera ayudado en una situación así era hacerle un favor inmenso!
¿Cómo era posible que lo utilizara y luego lo bloqueara?
Era algo terrible.
—¡Ahora mismo lo que más quiero es morirme! —soltó Daniel.
—Ay, por favor. Si no fuera por Violeta Pizarro, ¿tú qué vas a andar siendo cauteloso?
Violeta siempre había estado del lado de Estrella.
Estando con Violeta, él jamás se atrevería a concederle a Alonso cualquier favor a la ligera. ¡Simplemente no se atrevería!
Y todavía venía con cuentos de ser cauteloso.
—Por eso te digo, siempre hace falta tener a una buena mujer en casa —afirmó Renato.
—¡No seas descarado! ¿Cuál mujer? Si ni siquiera se han casado ni han firmado nada. ¡Eres peor que Alonso!
Daniel estaba tan lleno de rabia en ese momento que se le iba a la yugular a cualquiera que hablara.
—¿Y a mí por qué me gritas? —se defendió Renato—. Fue por tu propia falta de cerebro que provocaste a Marcelo y a Estrella. Te lo advierto, si no encuentras a Alonso, ¡prepárate para que te hagan picadillo!
Daniel no supo qué contestar.
Al escuchar las palabras de Renato, sintió que el cerebro se le entumecía aún más.
A ver, ¿qué chingados estaba haciendo Alonso? ¿No era esto demasiado bajo?
¡Sabiendo que él le tenía pavor a Estrella en este momento, todavía se atrevía a meterlo en problemas!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...