Aunque, pensándolo bien, Alonso siempre había tenido pésima fama; no era más que un cínico.
—De quien sea que quiera vengarse, ya no me interesa. ¡Me lavo las manos!
—¡Exacto, tú ya no te metas! Que tu hermano se encargue de aplastar a ese cínico.
Es que Alonso de verdad se pasaba de la raya...
No solo le había dado una mala vida a Estrella durante todos esos años.
¡Sino que había fabricado la farsa perfecta para manipularla!
La engañó para enamorarla y luego ni siquiera la trató como se merecía...
—¡Es que Alonso es un completo infeliz! —soltó Violeta sin contenerse.
Estrella ya ni siquiera tenía palabras para seguir insultando a ese malnacido.
—¿Acaso no tiene un gramo de vergüenza después de todo lo que hizo? ¡Y todavía tiene el descaro de escaparse!
Cualquiera en su sano juicio estaría arrepentidísimo por lo que hizo.
¡Pero Alonso no!
Armó todo este circo y, al final, sigue sin darle la libertad absoluta a Estrella.
—¿Para qué diablos te dejó todo ese dinero y empresas? ¡Nada de eso te importa!
Porque lo único que Estrella quería era divorciarse de él.
—Te equivocas, eso también lo quería —aclaró Estrella.
Violeta no supo qué responder.
¿En serio quería esas cosas?
—Si le guardas tanto rencor, lo lógico era destruir el Grupo Echeverría. ¿Para qué quedártelo?
—Si lo hubiera destruido, todo habría acabado muy rápido. Pero, ¿cuánto tiempo me duraría el recuerdo de todo esto?
Se hizo un silencio en la habitación.
Violeta notó el repentino tono de melancolía de su amiga.
Sabía que se estaba acordando de su mamá...
De aquella pobre mujer. Si el Grupo Echeverría no se hubiera atravesado en su camino, Estrella no habría terminado criada en un orfelinato.
—Pero si ya te vengaste, ¿de qué sirve seguir torturándote con los recuerdos? —le preguntó Violeta.
—Tengo que recordarlo.
La habitación se quedó en silencio otra vez.
—Así nunca olvidaré el abismo gigantesco que nos separa a Alonso y a mí.
Violeta bajó la mirada, pensativa.
Las acomodó adentro. Justo entonces, recibió una llamada del trabajo y tuvo que salir corriendo de nuevo.
Isidora no paraba de quejarse:
—Este cuchitril está enanísimo, ¡¿dónde se supone que vamos a dormir?!
Se asomó a la habitación y vio que la cama medía apenas metro y medio de ancho.
Desde que se había casado con la familia Echeverría, no había vuelto a pisar una casa ni a dormir en una cama tan chica.
¡Mariela también estaba asqueada con el departamento!
—No cabemos las tres ni de chiste, ¡en esa camita apenas y cabe una persona!
Al oír los berrinches de ambas, a Cintia se le descompuso la cara.
—En su momento iba a comprar un departamento más grande, pero mi mamá no me dejó —les soltó.
Resulta que, cuando recién empezó a trabajar, Isidora le había sugerido comprar un lugar cerca de su trabajo.
Pero la verdad es que Cintia siempre supo la verdadera intención de Isidora: aprovechar el pretexto para sacarla de la Mansión Echeverría.
A fin de cuentas, todo el favoritismo y cariño en esa casa siempre había sido para Mariela.
A Cintia ni le iba ni le venía.
Vivir en la Mansión Echeverría siempre la hacía sentir asfixiada de todos modos, sobre todo por tener que soportar los regaños diarios de Isidora.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...