Pase lo que pase, cualquier estupidez que hiciera Mariela, al final siempre se lo cobraban a ella.
Por eso, cuando Isidora le dijo que comprara un departamento cerca de la oficina, Cintia no se opuso.
Solo que, al momento de comprarlo, no tenía mucho dinero. Quería uno más grande, pero Isidora no se lo permitió, así que no le quedó de otra más que aceptar.
Isidora se quedó sin palabras.
Al escuchar el reclamo de Cintia, la cara se le descompuso.
—No es que no te dejara. En ese entonces pensé que, como vivirías sola, no tenía caso comprar algo tan grande.
—Tiene razón —respondió Cintia.
Para ella sola no tenía caso, pero cualquier propiedad a nombre de Mariela era una casa enorme o un penthouse de lujo.
¡Y ni siquiera eran para que Mariela viviera ahí todos los días!
—Oye, ¿por qué no hay nada de comer en tu refrigerador? ¿Pues de qué vives?
—Normalmente como en la oficina. Usted misma me dijo que, si podía comer ahí, lo hiciera, y que no guardara cosas en el refri para que no se echaran a perder —replicó Cintia.
Se suponía que ella también era una digna heredera de la familia Echeverría.
Sin embargo, cuando se mudó de la Mansión Echeverría para empezar a trabajar, su propia madre no hizo más que exigirle que ahorrara.
No parecía para nada una niña rica de los Echeverría.
Al escuchar esto, el rostro de Isidora se ensombreció por completo.
Con mucho esfuerzo encontró unos paquetes de sopa instantánea en la alacena.
—Mañana compras algo de despensa. Mariela y yo ahora dependemos de ti para comer.
No lo dijo con tacto; más bien, sonó como una orden.
Cintia bajó la mirada, ocultando su frustración, y finalmente se limitó a decir:
—Me voy a la oficina, tengo que hacer horas extras.
Dicho esto, se dio la media vuelta. Luego, recordando que al día siguiente saldría de viaje de negocios, sacó mil pesos de su bolsa y los dejó sobre la mesa.
—Mañana vayan ustedes a comprar. Me voy de viaje por una semana.
Isidora tomó los billetes de la mesa y los miró con desdén:
¡Ahora toda la familia dependía del sueldito de Cintia!
Solo de pensarlo, a Isidora le daba dolor de cabeza.
En cuanto Cintia cruzó la puerta, Isidora no pudo contener sus quejas:
—Dime una cosa, ¿ha trabajado tantos años y no le han subido el sueldo? ¿Paga el coche y se queda sin un peso?
Sus palabras dejaban en claro que consideraba a Cintia una inútil y una fracasada.
Mariela también la criticó con desprecio:
—Antes, cuando Cintia iba a la casa, juraba que le estaba yendo súper bien, pero ahora resulta que...
Hablando de cómo le iba a su hermana, Mariela de repente recordó algo.
Tiempo atrás, debido a un pleito entre ellas, Mariela, en un arranque de coraje, había presionado a varias empresas para bloquear el crecimiento profesional de Cintia.
Esas empresas, sin atreverse a ofender al Grupo Echeverría, simplemente le habían seguido la corriente.
¿Acaso era por eso que Cintia no había logrado ascender en todos estos años?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...