La abuela ya estaba perdiendo los estribos por completo.
—Yo...
¿Que si lo sabía? De verdad no tenía ni la menor idea de todo eso.
En su momento, cuando Estrella empezó a salir con Alonso, ella solo se enteró de que había crecido en un orfanato.
Al ver a Isidora balbuceando, el coraje de la anciana se disparó.
—Y encima andabas diciendo que era una muerta de hambre del orfanato.
—¿De qué orfanato sale alguien con tantos contactos? ¡Solo fíjate en quién fue a recogerla!
La sola idea de que Isidora le hubiera asegurado aquel origen le hervía la sangre.
Todo fue culpa de la pésima investigación que había hecho su nuera.
Por creer en esa versión, ella jamás trató bien a Estrella desde que pisó la casa.
Incluso después de que la joven pareja se mudara a su propia casa, se la pasó haciéndole la vida de cuadritos.
¡Cada problema, cada desplante, era con la intención de echar a Estrella a patadas de la familia!
Y mírala ahora...
Ante esta nueva realidad, Isidora no era la única al borde del colapso, la abuela también estaba inundada de remordimiento.
Se arrepentía en el alma de haber sido tan cruel.
Si le hubiera mostrado un poco de cariño cuando aún formaba parte de los suyos, ¿no se habrían ahorrado toda esta ruina?
¡Una maldita ruina!
Porque eso era exactamente lo que estaban viviendo, el desmoronamiento total de su imperio.
Al ver la cercanía entre ella y Callum, ya a nadie le quedaba la menor duda de que la familia Echeverría jamás lograría recuperarse.
—¡Ahí tienes a la mujer con la que te casaste! —le espetó de pronto a su hijo—. En su momento dijiste que era perfecta para ti, y yo te advertí que ella no serviría para nada grande.
Cansada de reprender a Isidora, la anciana dirigió toda su rabia contra José Luis.
Si su nuera le daba coraje, su propio hijo la sacaba de sus casillas por completo.
José Luis, por su parte, le lanzó una mirada fulminante a Isidora.
Isidora rompió en llanto.
—No sabía nada... te juro que no sabía nada.
La desesperación que Mónica había sentido el día anterior...
Isidora la estaba experimentando en carne propia.
De hecho, se sentía mil veces más hundida que ella.
—¿Que no sabías? ¡Fue tu nuera durante años! ¿Alguna vez te tomaste la molestia de acercarte a ella?
Rugió la abuela con rabia.

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