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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 757

Seguramente era el remordimiento y la culpa de sus actos cobrándoles factura.

Desde que Mariela e Isidora se escondieron en la casa de Cintia, no habían dejado de preguntarse si Estrella les preparaba un último golpe.

Al fin y al cabo, era obvio que la joven detestaba a su suegra.

Y ahora, con la presencia de la policía en la entrada...

Todos los crímenes sucios y secretos turbios que habían enterrado regresaron de golpe, como sombras acechando en su memoria.

Estaban aterrorizadas.

Cuando Isidora escuchó la palabra "policías", sintió que se le helaba la sangre.

—¿Qué hacemos, mamá? ¿Vinieron a arrestarnos?

Mariela hizo la pregunta con un hilo de voz, a punto de soltarse a llorar.

Isidora, que ya traía mal semblante por el coraje previo, palideció todavía más.

Su primer pensamiento fue que aquella era la movida final de Estrella.

Sabía que la desgraciada no las dejaría en paz...

El simple hecho de pensar que iban directamente por ellas le robó el último rastro de color de la cara.

Buscó a su marido con la mirada.

—José Luis...

—Si vienen por ti, espero que pienses en la familia Echeverría y no abras la boca a lo tonto para enredar a otros.

La interrumpió su marido de golpe, con un tono amenazante.

Isidora enmudeció.

Aquella advertencia le cayó como un balde de agua fría y sintió que el alma se le caía a los pies.

Lo miró perpleja. No podía procesar que le hablara con tal crueldad.

¿A qué se refería con no enredar a otros?

¿A quién demonios podía arrastrar con ella?

Las cosas terribles que había hecho fueron en complicidad con él. Si la obligaban a hablar, al primero que hundiría sería a su propio marido.

O sea que, en resumidas cuentas, su única preocupación era salvar su propio pellejo.

—¡No tienes corazón! —exclamó Isidora con amargura, respirando con dificultad.

Su falta de tacto la apuñaló directo en el pecho.

—¡Te di dos hijos y dos hijas, y así me pagas!

Era cierto lo que decían: cuando un hombre desvía su atención, ya jamás vuelve a ser tuyo.

Durante mucho tiempo pensó que las aventuras de José Luis no pasaban de un rato de diversión. ¿Pero ahora?

¡Qué equivocada estaba! ¡No podía estar más ciega!

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