Con la caída de la familia Echeverría, y con la familia Castañeda aún en pie, ¡todo salía a la luz! No se trataba de un enemigo oculto. Era alguien que siempre había estado ahí.
Marcelo. ¡¿Por qué tenía que ser él?!
¿Por qué la estaba ayudando? Estrella apretó los puños, temblando ligeramente. Miró la espalda de Marcelo y su silueta pareció desdibujarse ante sus ojos. En ese instante, su mente era un caos, debatiéndose entre todo lo bueno y lo malo de ese hombre...
***
No supo ni cómo logró regresar al interior de la casa, pero tenía el rostro pálido. Al verla así, el mayordomo se preocupó de inmediato.
—Señorita, ¿se siente mal? ¿Quiere que llame al doctor para que la revise?
—No hace falta —negó Estrella con la cabeza.
Caminó hacia el comedor como si fuera un alma en pena y tomó asiento en su lugar.
En su mente solo resonaban las palabras que acababa de escuchar en esa llamada de Marcelo, y también la del aeropuerto. ¿Cómo era posible que él estuviera encubriendo a Mónica? ¿Qué motivos tenía? Mientras seguía hundida en sus pensamientos, Marcelo entró. Estrella ni siquiera se dio cuenta cuando el hombre tomó asiento frente a ella.
—¿Estrella? —la llamó Marcelo.
No hubo respuesta.
—¡Estrella! —repitió él.
Ella por fin reaccionó y lo miró parpadeando, algo desorientada.
—¿Qué pasó?
—¿En qué tanto piensas? Te hablé dos veces y ni me pelaste —dijo él.
Estrella se quedó muda. ¿En qué estaba pensando? En la llamadita que acababa de hacer hace un momento. En por qué demonios resultó ser el salvador de Mónica.
—En nada —negó con la cabeza, decidiendo no enfrentarlo directamente.
Sin embargo, sus barreras hacia él se levantaron de inmediato.
Al verla tan pálida, Marcelo frunció el ceño.
—¿Te sientes mal? ¿Quieres que el médico de la familia te venga a checar?
—No es necesario, no me duele nada.
Al escuchar eso, Marcelo se desconcertó por un instante. Miró a Olivia y luego clavó la vista en Estrella.
—Apenas llegaste, ¿y tu hermano ya te tiene llena de pendientes?
—Sí, también necesito ir organizando mis propios asuntos —respondió ella.
Se había traído muchísimas cosas desde Nueva Cartavia, por lo que tenía una infinidad de papeleo encima. Pero justo ahora a Callum se le ocurría imponerle esa rutina. Como consecuencia, todas sus cosas personales habían pasado a segundo plano.
Estrella picoteaba su comida sin mucho apetito, mientras Marcelo desayunaba con calma. De pronto, ella soltó como quien no quiere la cosa:
—Ahora que Isidora y Mariela Echeverría terminaron en la cárcel allá en Nueva Cartavia, me pregunto qué será de Mónica.
Marcelo dejó de masticar. La tensión en el comedor se cortó con un cuchillo.
—Llevar dos días en la calle... capaz y ya se murió de frío —agregó ella, sin quitarle el ojo de encima para analizar su más mínima reacción.
Lamentablemente, lo que vio la terminó decepcionando... Había intentado convencerse a sí misma de que lo que escuchó en el jardín era un malentendido. ¿Pero ahora?
En el instante en que notó cómo la mano de Marcelo se tensaba alrededor de los cubiertos, todas sus dudas se esfumaron. Sí. Él había sido quien ayudó a Mónica...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...