Al final del día, en su relación Violeta no era del tipo de mujer a la que le gustara ventilar problemas sobre otras personas, mucho menos si se trataba de Renato y de su familia.
—No me creyó y terminamos peleando —contestó Violeta. Solo de acordarse de eso se enfureció de nuevo.
Originalmente, cuando le confesó a Estrella que planeaba abortar, en el fondo todavía le dolía y sentía cierta lástima. ¡Pero ahora sabía que esa era la mejor decisión! Si ni siquiera estaban casados y ese hombre ya tomaba esa actitud, ¿qué pasaría si un día ella tuviera un conflicto con los mayores de la familia Ibáñez? Seguramente él se pondría de lado de ellos incondicionalmente.
Estrella no supo qué responder. Escuchar que Renato todavía se había puesto a discutir con ella la dejaba estupefacta.
—¡Con esa actitud es igualito a Alonso!
Alonso también era así. Siempre que surgía algún roce entre ella y algún familiar mayor de la familia Echeverría, él, sin dudarlo, defendía a su familia. Aunque no siempre pelearan, su actitud lo decía todo...
—Ya llegué a Marbella —dijo Violeta de pronto.
—¿Y qué estás haciendo en Marbella?
—¡Voy a abortar! Si lo hago en Nueva Cartavia seguro se va a enterar —explicó Violeta con bastante enojo.
Tras discutir con Renato, compró su boleto para ir a Marbella sin perder un segundo.
—¿Entonces todavía no le dices nada del bebé? —preguntó Estrella.
—¿Para qué le digo algo? Si ya vamos a terminar, no le veo el caso.
Estrella suspiró. Se escuchaba un poco impulsiva. Era verdad que la reacción de Renato haría enojar a cualquiera, pero el asunto del bebé...
—Oye, ¿no sería mejor que primero hables con Renato sobre el bebé?
—No hay nada de qué hablar —la cortó Violeta—. Su reacción con el problema de los cien pesos me dejó muy claro todos los conflictos que tendríamos a futuro.
En el momento en que Renato se negó a creerle, Violeta entendió a la perfección que no llegarían a ninguna parte. Siendo así, ¿para qué darle más explicaciones?
Estrella la escuchó y tuvo que darle la razón. Si ya no había futuro, ¿qué sentido tenía discutirlo?
Si lo escuchó con sus propios oídos, la cosa era segurísima.
—Pero, ¡híjole! ¡¿Y eso por qué?! —Violeta pasó de la conmoción a la total incomprensión.
Si le hubieran dicho que cualquier otro tipo ayudó a Mónica, lo creería. ¡Podría creer que fue Daniel Álvarez o hasta el propio Renato! Pero que Marcelo fuera quien facilitara que Mónica fuera a Villa La Luna Plateada era algo sumamente difícil de digerir.
—Tampoco sé por qué lo hizo —respondió Estrella.
Si supiera sus razones, tal vez no estaría comiéndose la cabeza de esa forma. O, por el contrario, si supiera la verdad quizás se sentiría mucho peor.
—¿Y no le has preguntado la razón?
—¿Y cómo se lo pregunto? Últimamente tengo la corazonada de que Marcelo me ha estado ocultando muchas verdades respecto a los asuntos de Alonso.
Llegados a este punto, en la mente de Estrella, tanto Alonso como Marcelo se habían convertido en personas en las que definitivamente no podía confiar en absoluto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...