Violeta de verdad no quería tenerlo ahí, así que a Daniel no le quedó otra opción más que intentar distraerla.
Además, la curiosidad se lo estaba comiendo vivo...
Ya le había advertido a Renato que lidiar con la familia Ibáñez no iba a ser nada fácil.
¡Pero nunca pensó que todo fuera a explotar tan rápido!
Así que necesitaba saber con urgencia qué demonios había pasado.
—¡Su mamá me exigió que lo dejara!
—Ah, eso es de lo más normal. Pero eso no justifica que hayan llegado a estos extremos tan rápido, ¿o sí?
Exigirle que lo dejara...
Era la clásica movida de las señoras ricas.
En cuanto descubrían que la novia no le convenía a la familia, intervenían sin piedad.
—Digo, cuando empezaste a salir con Renato, debiste haber imaginado que te ibas a topar con algo así.
La diferencia de clases era abismal, por lo tanto, Violeta debía estar consciente de eso desde el principio.
—Me ofreció cien pesos para dejar a Renato, ¿crees que me voy a quedar callada con algo así?
—¿Un millón de pesos? Tampoco es para que hagas berrinche, ellas están acostumbradas a arreglar todo a billetazos.
—¡Dije cien pesos!
Daniel enmudeció.
Al escuchar la cantidad, su cerebro hizo un corto circuito. Miró a Violeta, y el tic en la comisura de sus labios volvió a aparecer.
Espera un momento, esto...
—¿Cien pesos? Pesos...
Daniel pensó que se le habían reventado los tímpanos. ¿Qué maldita broma era esa de «cien pesos»?
¿Para la señora Ibáñez su hijo valía tan poquito?
¿Estaba tratando de humillar a Violeta?
¡O estaba afirmando que su propio hijo no valía ni un quinto!
Violeta asintió con furia.
—¡Sí, cien malditos pesos!
Definitivamente había escuchado bien.
Al confirmar la absurda cantidad, Daniel se quedó tieso, pero al mismo tiempo quería soltar una carcajada.
Cien pesos...
¡Para la familia Ibáñez, Renato apenas valía cien pesitos!
Cualquier persona con un poco de sangre en las venas lo habría tomado como una ofensa, ¿no?
Pero ahora, viéndolo bien...
—¡Esa señora lo que hizo fue humillar a su propio chamaco, jajaja!
¡Cien pesos!
A los ojos de los Ibáñez, Renato apenas costaba cien pesos. ¿Acaso sería adoptado?
Daniel no podía parar de reír.
Al principio Violeta sentía que iba a explotar, pero escuchar la teoría de Daniel la tranquilizó un poco.
Pensándolo bien, la teoría tenía todo el sentido del mundo.
—Tienes toda la razón. ¿Cómo no se me ocurrió pensarlo así?
¿Cuál humillación para ella?
Era la madre diciendo en voz alta lo poquito que valía su hijo.
De pronto, Violeta comprendió por qué Estrella y Daniel se llevaban tan bien.
Porque el sentido del humor del chico era bastante peculiar...
Lo que para unos era una tragedia espantosa, para él era el mejor chiste de la semana.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...