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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 790

—¡Hay un montón de cosas que no has pensado! La señora Ibáñez la regó horrible, con tal de atacarte, terminó arrastrando a su hijo, jajaja...

A Daniel le volvió a ganar la risa.

Es que la situación era demasiado surrealista.

Violeta no supo qué responder.

Sí, efectivamente acababa de ofender a su propio hijo.

—Tampoco te apresures a abortar. Con esa familia tan tarada, se te va a hacer bien fácil ganarte un buen lugar.

Para Daniel, si esos eran sus niveles de inteligencia, ¿cómo esperaban evitar que alguien entrara a la familia?

Violeta puso los ojos en blanco.

Justo cuando se le estaba bajando el coraje, el comentario de Daniel volvió a arruinarle el rato.

—¿Cuál buen lugar ni qué nada? ¿Crees que me muero de ganas por entrar a la distinguida familia Ibáñez?

—Si no te interesaba, ¿entonces pa' qué andabas con Renato?

Violeta guardó silencio.

¡Rayos! No tenía cómo defenderse de eso.

Tenía razón. Si no quería un futuro con la familia Ibáñez, ¿para qué perdía el tiempo con él?

—¡Pues porque me enamoré de Renato primero, por eso!

—Pues desde que le echaste el ojo, debiste suponer que meterte con los Ibáñez iba a ser un infierno.

Violeta se quedó otra vez en blanco.

¡Le estaba doliendo la cabeza!

Estrella solía decir que una de las razones por las que se llevaba tan bien con Daniel era porque a veces le patinaba el coco.

¿Pero entonces por qué ahora Violeta sentía que ella era la tonta de la plática?

Al menos por ahora, ya la había dejado mareada de tantas vueltas.

—Ya, ya párale, deja de decir tonterías.

A Violeta le daba flojera seguir debatiendo y prefirió cortar por lo sano.

Lo de ella y Renato...

—A este bebé lo tengo que abortar. ¿Te puedes largar de una buena vez?

—¿No acabas de decir que ya no podías hacer nada el día de hoy?

—Ajá, el hospital ya no me dio espacio.

—Si lo quieres hacer mañana, te aviso que ya valiste.

Eso de que no se le despegaría ni un segundo era pura labia.

Estar a solas en la misma recámara de hotel con la mujer de un amigo solo se prestaba a chismes innecesarios.

***

Por su parte, ¡Estrella había tenido un día cansadísimo!

Apenas salió de bañarse en la mansión, recibió una llamada de Violeta.

—Renato ya se enteró del bebé —fue lo primero que le dijo su amiga.

—¿Y qué pasó?

¡Eso sí que era un broncón!

Y no era solo Violeta la que estaba hasta el cuello de problemas. Estrella también sentía una vibra extraña en su entorno.

Había regresado a casa buscando paz mental...

Pero ahora... ¡Las cosas no iban como las planeaba!

Alonso le acababa de mandar otro mensaje, una frase muy simple: [¡Mi amor, buenas noches!]

Era como si el hombre hubiera cambiado de personalidad, acosándola de la manera más descarada posible.

¡Esos mensajitos hacían que a Estrella le dieran ganas de agarrar el primer vuelo a Mar de Ámbar para ahorcar a Alonso con sus propias manos!

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