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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 805

La voluntad de Violeta era de hierro.

Después de haber enfrentado la humillación por parte de la madre de Renato, ahora, sin importar lo que él le dijera, sería casi imposible hacerla cambiar de opinión.

Y por culpa de esa actitud, Renato empezó a desesperarse.

—¿Por qué te la pasas metiendo a Alonso y a Estrella en esto? Yo no soy como él —le reclamó—. Si no aguantas a mi familia, ¡pues no vayas a verlos y se acabó el problema!

Para Renato, ese conflicto tenía una solución muy sencilla: si no se llevaban bien, simplemente había que mantener la distancia y listo.

En ese momento, él seguía creyendo que todo era así de fácil.

Al escucharlo decir eso, la resignación asomó a los ojos de Violeta.

Ahí estaba el detalle...

Los hombres siempre pecaban de querer resolver todo pensando de manera tan simplista.

—¿Y acaso Alonso no se llevó a Estrella a vivir a la Mansión Arsenio? —refutó.

Mantener las distancias. ¿Quién no sabía hacer eso?

Esa idea que Renato proponía, fue la misma que se le ocurrió a Alonso en su momento.

¿Y de qué les sirvió aislarse? Si esa gente se emperraba en hacerte la vida miserable, se las arreglaban para buscar la forma de joderte.

Quizás al principio Alonso intentó proteger a Estrella, prohibiéndoles acercarse a ella.

Pero, ¿qué pasó con el tiempo...?

A fin de cuentas, Alonso terminó perdiendo la paciencia e incluso dejó de defenderla.

Y al perder él la paciencia, la única que terminaba sufriendo las consecuencias era Estrella.

Seguramente Alonso, en aquella época, también esperaba que Estrella supiera lidiar sola con los parientes, ¿verdad?

¡Se le acabó la paciencia!

Y lo único que quería era que Estrella resolviera ella solita los problemas.

Sin imaginar que... ese tipo de peleas familiares no tenían arreglo por más que se intentara.

Violeta ya estaba harta de ver cómo la historia se repetía; gracias a Estrella, le había tocado atestiguar todos los dramas que enfrentaba la esposa de un millonario.

Así que ella no pensaba cometer ese mismo error.

Sin darse cuenta, Renato apretó la cintura de Violeta con más fuerza.

—Renato, lo ves todo demasiado fácil —insistió Violeta.

—Todo lo que me estás diciendo ahorita son tácticas que Alonso ya intentó en su momento. ¿Y en qué terminó? Tú mismo viste los resultados, ¿no?

Al instante en que terminó de hablar, Violeta, fuera de sí por la rabia, le soltó una mordida en el hombro.

El hombre soltó un gruñido ahogado por el dolor...

—¡Au! ¡Violeta, qué te pasa! ¿De dónde sacaste las mañas de morder? —¡Ay, cómo dolía!

Violeta estaba que se la llevaba el diablo, y le había clavado los dientes sin ninguna piedad.

Al principio, Renato pareció que no iba a aguantar el dolor, pero terminó apretando los dientes y aguantando vara como los machos.

Él empezó a acariciarle la nuca para calmarla:

—Ya, cálmate por favor, ¿sí?

—Sé que te dolió lo que pasó, te debía haber creído en ese momento.

Si al principio había dudado de ella, era únicamente porque a su madre jamás le había dado por hacer semejantes bajezas.

Andar dando cien pesos como insulto; con el estatus que ella manejaba, ¿quién iba a imaginarse algo así?

Pero si se ponía a analizarlo a fondo, y tomando en cuenta que su único objetivo era humillar a Violeta de la forma más rastrera posible, tal vez ya no era tan ilógico que se rebajara a hacer ese numerito.

Violeta lo soltó.

—Tranquila, yo voy a arreglar esto. Todo va a estar bien, solo confía en mí, ¿de acuerdo? —insistió Renato.

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