Actualmente, la situación era un dolor de cabeza.
Después de todo, el relajo que traían Estrella y Alonso seguía sin resolverse hasta el día de hoy.
Alonso se había largado...
Viendo la magnitud de sus problemas, lo más lógico habría sido que se separaran por las buenas de una vez por todas.
Pero resultó que Alonso jamás tuvo la más mínima intención de soltarla civilizadamente.
Ya era suficiente desgracia que trajera a Estrella con el alma en un hilo.
Ahora Violeta, que llevaba tanto tiempo de espectadora en ese circo, también había quedado traumada.
Teniendo como ejemplo todo ese desastre ajeno, ¡era normal que no confiara en él!
—Renato... —murmuró ella.
—Solo confía en mí, mi amor. Hazme caso, ¿sí? —Renato seguía tratando de tranquilizarla.
Aunque él también estaba enojado por lo que había pasado ese día.
Al notar la falta de confianza que le tenía, además de ese pánico e incertidumbre tan evidentes, Renato no tuvo corazón para reclamarle nada.
—¿Por qué no duermes un rato? Te pasaste la noche en blanco.
Al oír a Renato decir eso, Violeta por fin se percató de las marcadas ojeras oscuras que traía bajo los ojos.
Entonces recordó que la noche anterior, Daniel le había comentado que Renato venía en camino viajando.
Violeta tenía intenciones de decirle un par de cosas más, pero al ver lo agotado que estaba, decidió guardarse los comentarios.
A decir verdad, ella también estaba exhausta...
A mitad de la madrugada había intentado huir del hotel, pero Daniel le había bloqueado el paso; el coraje la mantuvo despierta toda la noche.
Sabía perfectamente que, ahora que Renato había aparecido, iba a estar en chino poder deshacerse del embarazo.
***
A la mañana siguiente.
Renato sacó de la cama a una Violeta muy malhumorada.
—No me quiero regresar —protestó ella.
Marbella era un buen lugar; al llegar el día anterior, se enamoró de la ciudad a primera vista.
A fin de cuentas, la idea de quedarse ahí a vivir tampoco le desagradaba tanto.
—Qué tonterías dices —contestó Renato—. Solo porque mi mamá hizo esa estupidez, ¿le vas a agarrar tirria a Nueva Cartavia?
Violeta se le quedó viendo.
¡Es que no tenía madre! Para deshacerse de él, ¡había soltado la miserable cantidad de cien pesos!
La vez que quiso alejar al novio de su hermana mayor, ¡le dio cinco millones! Y ahora, con él, ¿solo le quería dar cien pesos?
Entre más lo analizaba Renato, más se llenaba de frustración.
—Es un insulto, es una vil humillación... —soltó Renato algo indignado.
El insulto no era hacia Violeta, era directo a su propio orgullo.
—¡Exacto! ¡Es humillante! —apoyó ella.
—Tú no, hablo de mí. ¡El ofendido soy yo! —renegó él.
Violeta guardó silencio.
¿Que no los habían insultado a ambos?
Renato jaló a Violeta hacia él. Mientras ella estaba de pie, él permanecía sentado al borde de la cama.
Aun así, su complexión era tan alta que tuvo que agacharse para recargar la mejilla contra su estómago.
En cuanto a Violeta...
En el preciso instante en que el rostro del hombre se pegó a su vientre, sintió que la sangre se le helaba.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...