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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 819

Mientras tanto, en Nueva Cartavia.

La noche anterior, tras regresar con la familia Ibáñez, Renato no volvió ni siquiera llamó por teléfono.

A Violeta le daba exactamente igual; al fin y al cabo, ni lo estaba esperando.

Apenas se levantó por la mañana, tenía toda la intención de largarse de ahí.

Sin embargo, al bajar las escaleras, descubrió que en el sillón estaba sentada una mujer a la que tanto el mayordomo como los empleados trataban con un respeto reverencial.

¡Violeta la conocía!

La madre de Renato le había mostrado fotos suyas: era Adara, su amiga de la infancia.

¡La «chica ruda» de la que él tanto hablaba!

Además, ella era la mujer que la familia Ibáñez quería como nuera.

Que se apareciera tan temprano en ese lugar, sin duda significaba que la estaba esperando a ella...

Violeta suspiró profundo.

Adara supo que Violeta ya se había levantado en cuanto escuchó los pasos. Al notar que ya no había más ruido a sus espaldas...

Volteó con elegancia y dibujó en sus labios una sonrisa de superioridad:

—Señorita Pizarro, ¿durmió bien anoche en la casa de Renato?

Ese «la casa de Renato» venía cargado con una indirecta bastante pesada.

Violeta achinó un poco los ojos.

Retomó su camino hacia abajo y le preguntó:

—¿Él sabe que estás aquí?

—Por lo visto, me conoces —contestó Adara.

Ni siquiera había tenido que preguntar su nombre.

Sin mencionar el tono tan helado que había usado...

Violeta no respondió; terminó de bajar las escaleras y se paró frente a Adara.

Sus miradas chocaron en el aire. Adara mantenía la sonrisa, pero Violeta no estaba dispuesta a usar máscaras; la miró con cara de pocos amigos.

—Parece que no tienes muchas ganas de verme ni te hace gracia que esté aquí. Lástima...

Adara hizo una pequeña pausa al pronunciar esa última palabra.

Violeta la miró de reojo, esperando que terminara la frase.

Sabía perfectamente que esa mujer no iba a salir con nada bueno.

Tal como esperaba, Adara soltó su comentario cargado de veneno al instante:

—Lástima que yo tengo muchísima más libertad que tú para entrar y salir de las propiedades de los Ibáñez.

¡Ella podía ir a cualquier rincón que perteneciera a la familia!

Capítulo 819 1

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