Sin embargo, estaba siendo demasiado ingenuo.
Con la lección que les había dejado lo sucedido entre Alonso y Estrella, ahora rechazaban por completo la presencia de Violeta.
Incluso si había un bebé de por medio, eso no cambiaría la opinión que tenían.
Al ver que Renato se quedaba callado, Violeta respiró hondo y dijo: —Renato, la verdad es que cuando empezamos a salir, nunca pasó por mi mente casarme contigo.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó él.
—La diferencia de mundos entre nosotros solo da para un romance pasajero, hay que saber jugar y no tomárselo en serio.
Esa era la definición que Violeta le había dado a su relación desde el principio.
Nunca le importó qué clase de personas fueran los Ibáñez.
Solo quería pasar un buen rato con Renato; ya que lo disfrutaban, valía la pena vivir el momento.
Por lo tanto, nunca tuvo la intención de lidiar con los conflictos entre sus familias.
Después de todo, ni siquiera había pensado en enfrentar esa situación...
—¿Qué dijiste? —repitió Renato.
Al escuchar la frase "hay que saber jugar", ¡el rostro de Renato se ensombreció aún más!
¿Acaso esta mujer solo estaba jugando con sus sentimientos?
Él se estaba esforzando de verdad para poder casarse con ella.
—Este bebé fue un accidente —continuó Violeta—. Nunca planeé decírtelo, tú fuiste el que insistió en averiguarlo. Y ya que lo sabes, no te agobies. Terminemos de una vez.
Era una ruptura definitiva.
Antes, por celular, Renato siempre armaba un berrinche, así que tal vez eso no contaba como algo oficial.
Pero ahora, cara a cara, por fin se estaba dando por terminada la relación de manera formal.
—¡Ni lo sueñes! —exclamó Renato.
Violeta se quedó sin palabras.
—¡No acepto que terminemos! —declaró Renato, remarcando cada palabra con firmeza.
Frente a un hombre con esa actitud, Violeta realmente no supo qué más añadir.
Ahí estaba la prueba: ni siquiera estaban casados y ya era imposible tener una ruptura civilizada.
Estar con alguien así de verdad sería un infierno.
—No me importa si lo aceptas o no. Tengo todo el derecho a terminar contigo —replicó ella.
—¡Y yo tengo la libertad de no aceptarlo! —le contestó Renato.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!