El ambiente quedó sepulcral.
¡Tras colgar la llamada de Palmira, ni Renato ni Violeta dijeron una sola palabra!
Él se tomó el café de un trago y quiso encender un cigarro.
Pero en el instante en que su mirada se cruzó con el vientre de Violeta, descartó la idea.
—Fuma si quieres —le dijo ella.
Sabía perfectamente que ese hombre solía esconder sus emociones muy bien, pero que recurría al cigarro siempre que estaba frustrado.
Si ni ella misma se andaba con tantos miramientos, ¿para qué lo hacía Renato?
—Hoy no debiste lastimarla —rompió el silencio Renato.
Violeta se quedó muda.
—¡Mucho menos en la cara!
Al mencionar el rostro, el tono de Renato se volvió notablemente más duro; realmente pensaba que Violeta se había pasado de la raya.
Por mucha hostilidad que hubiera entre ellas, no había excusa para sacar un cuchillo.
Y menos para apuntar a la cara...
Al escuchar esa seguridad en la voz de Renato, Violeta soltó una carcajada:
—¿Qué pasó? ¿De verdad me vas a hacer pagar el precio?
Escuchando su tono, era obvio que muy en el fondo estaba convencido de que ella había atacado a Adara.
—¡Qué mujer tan malvada debo ser ante tus ojos! —se burló Violeta.
Ese sarcasmo, muy probablemente, iba dirigido a sí misma.
Llevaba bastante tiempo conociendo a Renato.
Y nunca se imaginó... que él la conociera tan poco.
¡O, mejor dicho, que confiara tan ciegamente en la bondad de Adara! Al fin y al cabo, era su amiga incondicional, de intenciones puras y sin malicia.
Como habían crecido juntos, juraba que conocía a Adara a la perfección.
Así que, por descarte, la que tenía que ser la villana del cuento... ¡era ella!
Al escuchar el tonito de Violeta, Renato la miró con los labios apretados y guardó silencio.
—¿Entonces de qué más vamos a hablar? Si le tienes tanta confianza a Adara, pues hazte responsable tú. ¡Hazle caso a tu mamá y cásate con ella!
Ese era el objetivo de la familia Ibáñez, ¿no?
Si Renato no se casaba con Adara, seguramente vendrían más jugarretas en el futuro.
Mejor se esforzaba un poco, le daba gusto a la familia Ibáñez y empujaba su relación al fondo del abismo.
—Tú... —Renato se puso aún más lívido.
—Viendo cómo soy, ¿aún quieres que tenga a tu hijo? Te aviso que soy muy perversa.
Renato no supo qué responder.
Esa boca que tenía... cuando quería sacarlo de sus casillas, vaya que lo lograba.
En ese momento se moría de ganas de coserle los labios.
—Como sea, no le hagas nada al bebé —advirtió.
—¿Puedes reaccionar? En la situación en la que estamos, ¿de verdad crees que es buen momento para traer un bebé al mundo? —exigió Violeta.
De nuevo, Renato no tuvo respuesta.
¡Era evidente que no era el momento!
La familia Ibáñez ya sabía que estaba embarazada, pero aun así, su actitud seguía siendo gélida.
La noche anterior, él se había agarrado a gritos con su familia precisamente por el bebé.
Sabía que no soportaban a Violeta, pero creyó que al haber un nieto de por medio darían su brazo a torcer.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...