—No voy a ceder.
Por más que Marcelo insistiera, Estrella mantenía su postura inquebrantable.
Si nunca había dado su brazo a torcer frente a Alonso, mucho menos lo haría con él.
***
¡En cuanto salió del castillo!
Estrella recibió una llamada de Mónica. La mujer al otro lado gritaba histérica:
—¡Todo esto es por tu culpa, Estrella! ¡Tú me provocaste esto! ¡Con todos los maltratos que me hiciste, me enfermaste!
Al enterarse de que tenía uremia, Mónica estaba a punto de perder la razón.
Sabía en qué estado se encontraba su cuerpo y lo imposible que sería hallar un donador compatible.
Echaba toda la culpa de su enfermedad sobre los hombros de Estrella.
Convencida de que ella era la causante.
¡Durante el tiempo que estuvo bajo su poder, su estilo de vida había sido de lo peor!
Trabajaba hasta el cansancio, no dormía bien y su alimentación era pésima.
—¡Lo vas a pagar muy caro, Estrella! —maldijo por el teléfono.
Con una condición como la suya, las enfermedades graves eran su peor pesadilla, especialmente si requerían de un trasplante.
Iba a ser casi imposible conseguirlo...
Ante el ataque de histeria, Estrella respondió con calma:
—¿No crees que tú eres la que está pagando sus platos rotos?
Mónica se quedó sin aliento.
¿Pagar ella?
—No, esto fue porque...
—¿No decías que el universo estaba de tu lado? Pues viéndolo bien, no parece que te esté apoyando mucho ahorita.
¡La llamada anterior había estado llena de arrogancia!
Le había dicho: «¿De qué te sirve ganar? El destino me favorece a mí».
¡Sonaba tan petulante y segura de sí misma!
Sobre todo porque Marcelo la estaba protegiendo, Mónica se creía la favorita de los dioses.
Pero en un parpadeo, la realidad le dio una bofetada...
La uremia la agarró completamente desprevenida y ahora estaba perdiendo la cabeza.
—¡Qué platos rotos ni qué nada! ¡Fuiste tú la que me hizo esto!
Malcolm respondió de inmediato, y enseguida envió otro texto: [¡El señor Castañeda puso a muchos guardias a vigilarla!]
Estrella se quedó pensativa.
Cambiarla de ubicación constantemente y, encima, asignarle un montón de seguridad...
Esa mujer de verdad ocupaba un lugar primordial en el corazón de Marcelo.
Estrella: [¡Váyanse por las malas!]
¿Acaso Marcelo no había usado la fuerza contra su gente?
No tenían por qué andar con cortesías; si él no quería entregarla por las buenas, se la llevaría a la fuerza.
Malcolm: [¡Entendido!]
Con esto.
¿Su guerra con Marcelo se había declarado formalmente?
En realidad, la ruptura ya había ocurrido desde hacía rato, aunque había sido decisión de ella.
Pero si los hombres de Malcolm lograban atrapar a Mónica con éxito.
¿Cómo reaccionaría Marcelo?
Recordando los berrinches que Alonso le había armado por esa misma mujer, ¿Marcelo seguramente explotaría mucho peor?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...