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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 864

—¿Marcelo ya se enteró? —preguntó Alonso, entrecerrando los ojos.

—Lo más probable es que sí —respondió Marc—, y seguro irá a hacerle un escándalo a la señorita Robles.

—¡Ja! ¡Que haga su escándalo!

¿Acaso de algo le iba a servir?

¿Era Estrella el tipo de mujer que se asustaba por unos gritos? Cuando se ponía terca, no le tenía miedo a nada ni a nadie.

Incluso cuando no tenía el respaldo de la familia Harrington, ya era de armas tomar.

Con mayor razón ahora, que contaba con todo el peso de la familia Harrington detrás de ella.

—Marcelo, Marcelo... ¡qué raro verte cometer una estupidez así! —dijo Alonso con una sonrisa ladeada.

Si estaba protegiendo a Mónica sin ningún otro motivo que esa mujer del pasado...

Había que admitirlo, estaba perdiendo la cabeza.

Aunque, claro...

Para Alonso, Marcelo no era alguien que actuara a lo tonto; si lo hacía, de seguro había una razón de peso.

¡Y esa razón probablemente tenía que ver con usar a Estrella para sus propios fines!

Si ese era el caso, a Estrella le iba a caer peor y jamás se lo perdonaría.

Fuera como fuera...

Hoy por hoy, Marcelo ya estaba sentenciado a muerte en el corazón de Estrella.

—Lo que me preocupa ahora es la familia Harrington —comentó Marc.

—¿La familia Harrington? Son su hermano y su papá, ¿qué hay que temer?

—El señor Callum siempre ha confiado a ciegas en Castañeda —explicó Marc—, además, con todo este asunto, ¿no notó algo extraño?

¡Marc había acompañado a Alonso a Inglaterra!

Las cosas que Alonso había intuido, Marc también las había notado.

Al parecer, el papel de la familia Harrington en la vida de Estrella no era tan simple como aparentaba.

Alonso guardó silencio.

¡Escuchar a Marc confirmarlo!

Una sombra de preocupación cruzó por su mirada... ¿Cómo no iba a notarlo?

¡Claro que se había dado cuenta!

—¡Esa tonta! —murmuró. Se estaba metiendo en un problema mucho mayor.

En plena madrugada, Marcelo fue a buscar a Estrella, ¡pero el mayordomo le prohibió el paso!

Llevaba marcándole al celular de Estrella sin parar; lo había hecho durante todo el día y seguía haciéndolo.

Al ver que no podía pasar, ¡hasta amenazó con entrar a la fuerza!

Sin otra opción, uno de los empleados corrió a avisarle a Estrella.

Ella solía tener el sueño pesado, así que, cuando el empleado la despertó, se veía bastante desorientada.

—¿Qué pasa? —preguntó, mirando al muchacho con confusión.

—Castañeda vino a buscarla.

—¿A esta hora?

Estrella revisó su celular por inercia: ¡era la una de la mañana!

Venir a buscarla a esa hora...

¿Y todavía atreverse a hacer que la despertaran?

¿Tanto le importaba Mónica?

—Lleva un buen rato allá afuera exigiendo verla, ya no sabemos qué hacer —dijo el empleado con tono nervioso, sobre todo al notar que el semblante de Estrella había cambiado drásticamente.

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