Esa Estrella no tenía ni un ápice de piedad.
Si sus hombres la hubieran seguido en secreto, al menos habría sabido en dónde se encontraba Violeta.
¡Él... habría podido ir a buscarla!
¡Pero ahora!
Sus hombres habían sido interceptados. ¿Qué significaba eso? Que le resultaría casi imposible dar con ella.
—¡Partida de inútiles! —estalló Renato, furioso.
Ahora sí que estaba en aprietos: Adara todavía no regresaba y, por el otro lado, había perdido el rastro de Violeta por completo.
Le tomó media hora entera a Renato poder calmarse.
Volvió a llamar a Estrella.
—¿Ya vas a dejar volver a Adara?
—Tus hombres siguieron a Violeta hasta el aeropuerto y yo los intercepté. Estás al tanto de eso, ¿verdad?
Si ya sabía la noticia y aun así su principal preocupación era Adara, de verdad que no había palabras para describir a Renato.
—Me imagino que ya no puedo hablar contigo sobre el asunto de Violeta, ¿cierto? —respondió Renato, con un tono cada vez más hostil.
De todas formas, ese era un tema que ya no podían negociar. ¿Qué necesidad había de provocarlo?
Estrella soltó una risa sarcástica.
—Al menos lo tienes claro.
—Adara...
—Vas a tener que limpiar la reputación de Violeta.
Antes de que Renato pudiera terminar su frase, Estrella lo interrumpió de golpe.
Había sido muy difícil atrapar a Adara, por supuesto que iba a exprimirle hasta la última gota de provecho. ¿Cómo iba a dejarla ir tan fácilmente?
—¿Qué dijiste? —preguntó Renato.
—¿Qué? ¿Acaso pensabas que iba a dejar pasar el hecho de que arruinaron la imagen de Violeta estos últimos tres días?
¡Claro que la habían destruido!


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡No te metas con la Cenicienta!
Está interesante la novela pero no sé qué pasa al estar en el capítulo 884 y adquirir monedas no está funcionando solo muestra el mensaje error qué pasa...