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¡No te metas con la Cenicienta! romance Capítulo 979

Esa Estrella no tenía ni un ápice de piedad.

Si sus hombres la hubieran seguido en secreto, al menos habría sabido en dónde se encontraba Violeta.

¡Él... habría podido ir a buscarla!

¡Pero ahora!

Sus hombres habían sido interceptados. ¿Qué significaba eso? Que le resultaría casi imposible dar con ella.

—¡Partida de inútiles! —estalló Renato, furioso.

Ahora sí que estaba en aprietos: Adara todavía no regresaba y, por el otro lado, había perdido el rastro de Violeta por completo.

Le tomó media hora entera a Renato poder calmarse.

Volvió a llamar a Estrella.

—¿Ya vas a dejar volver a Adara?

—Tus hombres siguieron a Violeta hasta el aeropuerto y yo los intercepté. Estás al tanto de eso, ¿verdad?

Si ya sabía la noticia y aun así su principal preocupación era Adara, de verdad que no había palabras para describir a Renato.

—Me imagino que ya no puedo hablar contigo sobre el asunto de Violeta, ¿cierto? —respondió Renato, con un tono cada vez más hostil.

De todas formas, ese era un tema que ya no podían negociar. ¿Qué necesidad había de provocarlo?

Estrella soltó una risa sarcástica.

—Al menos lo tienes claro.

—Adara...

—Vas a tener que limpiar la reputación de Violeta.

Antes de que Renato pudiera terminar su frase, Estrella lo interrumpió de golpe.

Había sido muy difícil atrapar a Adara, por supuesto que iba a exprimirle hasta la última gota de provecho. ¿Cómo iba a dejarla ir tan fácilmente?

—¿Qué dijiste? —preguntó Renato.

—¿Qué? ¿Acaso pensabas que iba a dejar pasar el hecho de que arruinaron la imagen de Violeta estos últimos tres días?

¡Claro que la habían destruido!

—¿Qué pasa? No me vayas a decir que no puedes arreglar este asuntito. ¡Renato, de verdad no eres para nada un hombre!

No era un problema tan grande; al menos para Renato no representaba un reto imposible.

¡Pero tampoco era un detalle menor!

Era algo que Violeta no habría podido resolver por su cuenta.

Si hubiera tenido que enfrentarlo sola, habría salido perdiendo en Nueva Cartavia.

Después de todo, ella no tenía el poder para enfrentarse a los Ibáñez.

Para ella... Renato era su único apoyo.

Pero, al final, él la había decepcionado profundamente en ese aspecto.

—¿Qué clase de resultado quieres? —preguntó Renato, apretando los dientes.

—Al principio quería que lo resolvieras hasta que yo estuviera satisfecha, pero ya que preguntas, te lo diré... Quiero que la persona que inició toda esta campaña sucia quede con la reputación arruinada.

Que esa persona también probara lo que se sentía ser despedazada por los insultos de toda la ciudad.

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