Vi a Michael entrar con un traje impecable.Qué raro, ¿qué hace aquí?
¿Estará buscando a alguien?
Me levanté rápido, pensando en saludarlo, pero lo vi ir directo a la oficina del presidente sin siquiera voltear a verme.
Me quedé como una estatua.
Parece que me equivoqué. No vino por mí, vino a ver al señor Martínez.
Entró como si nada, sin que la secretaria dijera nada. Me sorprendió. ¿No acaba de llegar al país? ¿Desde cuándo tiene tanta confianza con el jefe?
Mientras pensaba en eso, escuché voces al lado mío.
—Oye... ya había oído que el señor Martínez tiene un jefe.
—Sí, sí. Dicen que el tipo que acaba de entrar es importante. ¿Será él?
—¿No lo conoces? Es el segundo hijo de la familia Bernard. Es hermano de Mateo, el que está dando de qué hablar en los negocios.
Al oír el nombre de Mateo, me azaré un momento.
Por suerte, no parecían interesados en su vida personal.
Si no, fijo terminaban sabiendo que soy su exesposa.
—Ah, con razón tiene tanta presencia. Vieron cómo entró directo con el jefe... seguro él es el que manda la parada.
Y ahí fue cuando todo me hizo clic.
¿Michael es el jefe de EC Media?
¿Esto va en serio?
Si él es el dueño, entonces... ¿estamos trabajando para él?
Me vino a la mente cuando Mateo me preguntó si mi trabajo tenía algo que ver con Michael.
Le respondí que no, segura de mí misma.
Pero, ahora resulta que esta es su empresa.
No, no puede ser...
Me paré de golpe, con la intención de ir a hablar con él.
Justo cuando llegué a la puerta, se abrió.
Michael se detuvo al verme, luego me sonrió:
—Justo iba a buscarte hace un momento.
Michael apuró la respuesta:
—No digas eso. En serio estás haciendo un buen trabajo, hasta Javier dijo que eres muy comprometida.
¿Javier?
Miré hacia la oficina.
Ahí estaba el señor Martínez, sentado en su silla, sonriéndome.
Pero esa sonrisa me pareció forzada.
No tenía cabeza para pensar en eso. Me sentía vencida.
Siempre creí que podía salir adelante sola, sin depender de nadie.
Pero cada vez que me ilusiono, la vida me vuelve a golpear en la cara.
Suspiré, cansada, y le dije a Michael:
—Sé que hiciste esto con buena intención y lo agradezco, pero no puedo seguir con este trabajo.
Apenas dije eso, la cara de Michael cambió. Se notaba que le importaba de verdad.

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