Avery Crown.
Con el estado en el que se encuentra Jayden, y que esté todavía con el rostro desencajado, me hace saber que no está en condiciones de hablar sobre el proyecto.
—Puedo recibirlo yo mientras te recuperas un poco— propongo. —Conozco el…
Jayden niega antes de que termine la frase.
—No —respira hondo y baja la voz. —Soy el jefe de desarrollo del programa de reconstrucción biomecánica —reitera como si necesitara recordarlo él mismo—. Si alguno de los financiadores exige explicaciones, debo ser yo quien las dé.
No discuto, porque tiene razón. Y en su estado, es mejor que vuelva a sentir que controla algo.
—Está bien... iré al baño mientras hablas con él —me muevo del centro de la sala, y sobre el expediente dejo mi gafete de ingreso del sitio del cual nos sacaron esta mañana, para no interferir en el proceso de investigación. —¿Sabes dónde está?
—Pregunta a alguien— no me mira, limpiando su nariz y arreglando el cuello de su camisa cuando marcho detrás suyo. —¿Y Avery?
—¿Sí?
—No te alejes de mí —destaca. —Esta ciudad no ha cambiado tanto como creí. Arreglaré todo para irnos lo más pronto posible.
Asiento para darle seguridad.
Cruzamos el pasillo hasta que la secretaria guía a Jayden hacia la sala de juntas. Dejándolos atrás continúo en dirección contraria.
—¿El baño? —pregunto a un hombre que acomoda unas cajas sobre unas sillas.
—Siga el pasillo de servicio —con la respiración irregular se inclina un poco para señalar con una mano—. Al final encontrará una puerta gris. Ahí gira a la izquierda.
Le doy las gracias y continúo. El lugar está vacío debido a que todos están siendo interrogados y otros todavía no llegan al ser tan temprano.
Las únicas voces llegan amortiguadas desde alguna parte del ala administrativa. Puedo escucharlas cuando doblo la esquina. Al igual que un golpe seco que me hace detenerme.
No pasan ni cinco segundos para que llegue otro.
No suenan como de una pelea. Pertenecen más a alguien perdiendo la paciencia.
—¿Entiende el concepto de puntualidad? —alcanza a escucharse con claridad.
No reconozco la voz desde el pasillo.
Luego una silla arrastra varios centímetros sobre el suelo. La otra persona responde demasiado bajo para distinguir las palabras.
Puedo percibir otro golpe, aunque esta vez es contra una mesa.
Frunzo el ceño.
La puerta gris que me indicaron está a unos metros más adelante, pero el ruido proviene del despacho contiguo.
O eso imagino hasta que noto la división entre dos oficinas o salas distintas, debido a cómo están distribuidas desde el exterior.
Más sonidos se distinguen, entre ellos la voz de Jayden. Pero ahora sale de un tipo de altavoz. Y curiosamente proviene de la puerta que permanece mal cerrada.
No hay más de dos centímetros entre el marco y la puerta. La curiosidad termina ganándome.
Me acerco con cuidado. No intento abrirla al ver una gran ventana que intuyo es de cristal de dos caras. Porque Jayden no parece saber que existe mientras explica algo que no alcanzo a captar.
Solo apoyo un ojo en la estrecha ranura que deja el marco, del cual apenas alcanzo a distinguir una parte de la habitación.
Primero una mesa, y a unos metros de ésta, varios hombres de pie que callan frente al cristal. Deduzco que la mayoría de ellos son hombres y dos o tres mujeres, ya que la escasez de luz sólo permite que vea siluetas, no rasgos, ni algo diferenciable.
Aprecio el pasillo, para asegurarme que no haya nadie haciendo conmigo lo que hago con ellos, para irme sin que me acusen de chismosa.
—¿Confirma, señor?


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