Avery Crown.
“—Es tuyo. Como yo lo he sido desde que mis ojos te encontraron.”
El anillo con el diamante continúa entre mis dedos desde que lo recibí la noche de la tragedia, la cual nos ha obligado a quedarnos en un hotel distinto al de las últimas semanas. No fue una propuesta formal, pero Jayden sigue asegurando que convertirla en una, era mi decisión exclusivamente.
No sé por qué lo dudo si se supone que debe ser fácil decidir.
No me deja dormir la idea, pero tampoco siento que sea del tipo en la cual la emoción me impulsa a querer que lo sepa Lina, ni mi madre.
Menos de buscar a Luisa para ver diseños de vestidos.
Como lo solía hacer antes con cada plan que hacíamos él y yo.
Una parte de mí quiere regresar a eso, porque admito que extraño mi relación con Jayden como era antes de que terminara. Y aceptar la propuesta, quizás logre que reviva justo esa parte de mí que siento haberse atrofiado.
Esa que logra que no solo piense en encontrar una cura definitiva para mi hermano que ha ocupado mi mente todos estos meses.
Quizás.
Por esa palabra es justamente que me detengo. No me gusta que sea solo una posibilidad, porque significa que hay más y lo incierto de eso, es lo que llena de dudas mi cabeza.
Porque ni yo comprendo lo que me detiene desde ésta tarde a responder.
O sí lo sé de manera poco evidente.
Siento que Jayden tiene algo por decir, pero al mismo tiempo presiento que no es tan obvio como lo intuyo y…Me irrita no entenderme ni yo misma en éstos momentos.
De todas formas, termino guardándolo en su estuche para meterme a la cama, en donde me esfuerzo en dormir, hasta que consigo que el cansancio sea más fuerte que la lucha de mi propio cerebro.
Aunque tener el sueño ligero me condena a que el mínimo ruido me haga abrir los ojos, y eso me permite escuchar el crujido de la puerta al abrirse.
Mi mano se desliza lentamente bajo la almohada, hasta dar con el objeto metálico.
Siempre estoy anticipándome a éstas situaciones, tal vez por mi profesión, o porque en mi casa siempre existe la probabilidad de que a media noche haya un despertar violento.
Y por ello me lanzo con la navaja hacia quien empujo contra la alfombra, con la intención de…
—¡Soy yo, Avery!— me dice Jayden logrando que no le toque el cuello con el filo frenando mi carga de adrenalina. —Soy yo. ¡Soy yo!
Respira fuerte. Se aleja al mismo tiempo que me echo hacia la lámpara que enciendo para verle el rostro.
En una mano carga una rosa y en la otra un paquete de regaliz.
Mira el filo que mantengo en la mía, en tanto su respiración cuenta el ataque de terror que lo embriaga.
—Salí a comprar esto y quise dejarlo para que cuando despertaras…
Pasa saliva y me disculpo en murmullos. Él niega, se ríe y suelta todo para acercarlo.
Incluso esos detalles comienzan a regresar.
—Lo siento— me arreglo la remera del pijama, luego de tomarlos. —Después de tanto…Lo lamento, Jayden. Pero es tu culpa por no haber avisado antes con todo lo que ha sucedido —cambio mi humor sin entender mi enfado.
Intenta hablar, pero no lo dejo.
—Me pone nerviosa que nos sigan. Te he dicho toda la tarde que alguien lo hace desde que salimos del laboratorio —remarco. —En el estacionamiento estaba el mismo sujeto. Luego el otro y…
—Revisamos, Avery —dejo las cosas sobre la esquina de la cama, sentándome en el suelo otra vez. —Solo ha sido el estrés de la semana…Lo que pasó no es para estar tranquilos. Y si le sumas el acoso de los medios que buscaban una entrevista con la hermana del presidente de…—le pido no entrar en ese tema con un gesto. —Y lo entiendo. Esta ciudad es estresante. Por eso no había regresado desde hace mucho tiempo.
Ni siquiera sabría que estuvo aquí alguna vez, si no es porque lo mencionó en la tarde, pero omito preguntar cuándo no es el tema, ya que ni yo entiendo el punto de ésto.
Su buena memoria siempre me ha sorprendido. Yo ni siquiera sé cuándo supe que existía una ciudad con este nombre; Tomsk.


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