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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 100

Luca dudó un instante y volteó a mirar a Natalia.

—Entonces iré a darme un baño y regreso.

—Si es mucho compromiso, no tienes que quedarte. Ve a dormir a otra habitación —dijo Natalia de inmediato.

Él negó con la cabeza.

—No hay problema. Iria quiere que estemos los tres, deberíamos darle el gusto.

Al ver los ojos ilusionados de su hija, Natalia optó por no decir nada más. La mente de los niños era pura y sencilla; para Iria, compartir la cama en días festivos era la regla de oro para la unión familiar.

Tras salir de la regadera, Luca volvió al cuarto envuelto en una bata de estar gris. Solo cuando lo vio entrar, Natalia se levantó para ir al baño, dejándolo a él encargado de entretener a la niña en la cama.

Alrededor de las diez de la noche, Natalia regresó ataviada con una pijama bastante recatada y se acostó del otro lado de la cama.

Luca la observó con una mirada un tanto indescifrable, pero se abstuvo de comentar nada. Simplemente se dirigió a Iria, que aún quería seguir haciendo alboroto.

—Mamá ya está cansada, es hora de dormir.

—Bueno, pero quiero que me cantes una canción de cuna, papi —pidió la niña, muy avispada. Estaba demasiado feliz y necesitaba que la arrullaran para conciliar el sueño.

—Te canto un ratito, entonces. —De pronto, a Luca le dio algo de pena cantarle frente a su esposa; quizás era la frialdad de Natalia lo que lo hacía sentir fuera de lugar.

—¡Sí! —Iria asintió encantada.

Luca acomodó a su hija en el hueco de su brazo y bajó la voz al máximo para tararear suavemente la melodía. La niña no tardó mucho en empezar a cerrar los ojitos.

Justo en ese momento, el celular de Luca comenzó a sonar. Y no fue una sola vez; pareció entrarle una ráfaga entera de mensajes seguidos.

Los ojos de Iria se abrieron de golpe, sumamente irritada.

—Papá, pon tu celular en silencio, me estás despertando.

Él tomó el aparato a toda prisa y, casi por instinto, desvió la vista hacia Natalia.

Ella les daba la espalda y ni siquiera se movió, por lo que no se sabía si ya se había quedado dormida.

Luca tecleó una respuesta rápida, puso el aparato en vibrador y continuó tratando de dormir a su hija.

Cuando Natalia escuchó que la respiración de la niña por fin se había regularizado, volteó hacia ellos. En la penumbra, su mirada chocó de frente con unos ojos que la observaban con una mezcla de calidez e intensidad.

Por un segundo, Natalia se sintió pasmada. Luca no estaba dormido; se había quedado despierto observándola a la luz tenue de la lámpara de noche.

Al cruzar miradas, el ambiente se llenó de una tensión sutil y algo incómoda.

Luca tampoco esperaba que ella se diera la vuelta tan de repente. Trató de disimular aclarándose la garganta.

—¿No puedes dormir?

Natalia lo ignoró olímpicamente. Volvió a darle la espalda y esta vez se obligó a sí misma a quedarse dormida lo más rápido posible.

Él tragó saliva y se quedó contemplando la nuca de su esposa por un largo rato antes de cerrar también los ojos.

Al día siguiente descansaron en la casa, y al otro día comenzaron con las visitas protocolarias de las fechas. La residencia de los Torres se llenó de invitados, y Natalia, cumpliendo con su rol de nuera, estuvo de un lado para otro atendiendo a las visitas.

Recordando el inminente viaje de Luca en ese preciso momento, Natalia dejó escapar un pequeño suspiro.

—Para nada. Sé que todo lo que haces es porque eres mi mejor amiga.

—¡Claro que la estoy vigilando! Nati, te juro que eres demasiado buena gente. Si yo estuviera en tu lugar, ¡ya le hubiera armado un desmadre y medio! —Nora hablaba sintiendo rabia y lástima por ella a partes iguales.

Pero Natalia no era del tipo de personas que peleaban o competían, especialmente cuando se trataba de relaciones amorosas. Prefería mil veces que el sentimiento fuera mutuo y auténtico, antes que rebajarse a rogar por atención.

Sin embargo, el amor no tiene un reglamento estándar. A veces quien pelea con uñas y dientes consigue buenos resultados, mientras que el que se mantiene orgulloso termina con las manos vacías.

—Te lo agradezco, Nora. La verdad, me serviría mucho si pudieras ayudarme a recolectar pruebas útiles por tu cuenta —sonrió Natalia forzando el gesto.

Al ver que su amiga no tenía ánimos de seguir hablando del patán de Luca, Nora dejó el tema por la paz y se dedicó a acompañar a madre e hija en sus compras.

***

Por otro lado, la abuela Josefa apenas había terminado sus rezos cuando le informaron que Luca había tenido que salir del país por negocios. Su expresión se ensombreció de inmediato.

Se dirigió al mayordomo y soltó:

—Te pedí que investigaras dónde andaba ella. ¿Qué averiguaste? ¿En dónde está ahora mismo?

El mayordomo se apresuró a mostrarle en una tableta lo que había encontrado.

Las fotos mostraban a Denisa en Suiza el día anterior, pasando el rato en un lujoso hotel tras haber esquiado, viéndose absolutamente libre y relajada mientras tomaba un café.

—¿Me estás diciendo... —masculló Josefa, fulminando al mayordomo con la mirada— que Luca salió apresuradamente al extranjero para ir a verla a ella?

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