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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 99

—El doctor Díaz ofrece un millón de pesos.

—El señor García levanta con un millón cien mil.

El presentador en el escenario hablaba con entusiasmo y, en cuestión de segundos, la cifra escaló a un millón setecientos mil pesos.

—Tres millones —anunció de pronto Alberto, el asistente de Luca, levantando la paleta desde su mesa.

—¡Tres millones! Se nota que la señora Palma no escatima cuando se trata de apoyar a las ciencias de la salud —comentaron entre el público.

—¿Alguien ofrece más? Señores, invitados de honor, ¿alguien da más? —el anfitrión estaba eufórico.

Romeo volteó a ver a Natalia, quien tenía el ceño fruncido.

—Tres millones quinientos mil pesos —Romeo volvió a levantar la paleta.

Al escuchar la oferta, Luca y Denisa giraron la cabeza en su dirección. Finalmente, nadie más subió la apuesta y el antiguo botiquín, junto con los libros, se lo llevó Romeo.

La subasta terminó al cabo de cuarenta minutos, dándole paso nuevamente al cóctel.

Denisa caminó directamente hacia donde estaba Natalia y le preguntó con tono casual:

—Nati, ¿por qué Romeo se aferró tanto a ese botiquín? Le dije a Luca que lo comprara para regalártelo, pero ni siquiera nos dio chance.

El rostro de Romeo se tensó de inmediato y cruzó una mirada con Natalia.

Ella, con voz completamente fría, respondió:

—¿Ah, sí? ¿Entonces tengo que darte las gracias?

Aparentando no notar la actitud gélida, Denisa mantuvo su sonrisa.

—Te conozco bien. Sé que valoras muchísimo esos libros antiguos. En cuanto los vi en la pantalla, supe que te iban a encantar. Qué lástima... pero bueno, como Romeo lo compró, seguramente también te los va a prestar o a regalar, así que el resultado es el mismo. Ya no hace falta que me lo agradezcas.

Natalia no sabía cómo cortar el tema, pero justo en ese instante se le acercó un inversionista.

—Doctora Ortega, ¿tendrá un minuto? Quisiera platicar con usted sobre el proyecto de esos sedantes que están desarrollando.

—Por supuesto, acompáñeme por acá, por favor —Natalia asintió de inmediato con una sonrisa de cortesía y se alejó.

Romeo apretó la copa en su mano y miró fijamente a Denisa.

—¿Te divertiste hoy?

Ella le devolvió una sonrisa brillante.

—Claro, ¿tú no?

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