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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 107

Ofelia acababa de tocar la fibra más sensible de Denisa. Su rostro se ensombreció y la miró con frialdad:

—Si ya tienen tan clara mi situación, ¿entonces a qué carajos vinieron?

Mónica le lanzó una mirada fulminante a su hija menor para que se callara, mientras intentaba apaciguar a Denisa:

—Denisa, Ofelia es muy impulsiva y no piensa lo que dice. No le hagas caso. Yo sé muy bien que la familia Torres te tiene en alta estima, de lo contrario, no estarías dirigiendo una empresa médica tan grande, ¿verdad?

Denisa resopló con frialdad:

—Sea cual sea mi situación, no tiene nada que ver con ustedes. Lárguense ahorita mismo, antes de que llame a seguridad para que las saque.

—Hermana, si me lo preguntas, deberías aprovechar que Luca hace todo lo que le pides. Ya que te da todo lo que quieres, deberías apurarte a afianzar tu lugar dentro de la familia Torres. Al fin y al cabo, ya hay rumores por todas partes. Si no te pones las pilas, te vas a quedar mirando —dijo Ofelia con una sonrisa cínica, soltando una barbaridad tras otra.

A Denisa se le heló la sangre. Le dieron ganas de sellarle la boca con cemento. ¡Cómo se atrevía a decir semejantes tonterías!

«Si no te callas, te voy a coser el hocico», pensó Denisa, pero jamás diría algo así en voz alta. Lo único que haría sería tantear el terreno con sus palabras y acciones, paso a paso, hasta asegurarse de que su plan no tuviera fallas.

—Ofelia, esos son asuntos personales de tu hermana. ¡No te metas en lo que no te importa! —la reprendió Mónica de inmediato.

Ofelia torció la boca:

—¿Acaso dije una mentira? Lo hago por su propio bien. Claro que, si quieren que cierre el pico, hay una solución: reconozcámonos como familia. Si eres mi hermana, te prometo que no vuelvo a abrir la boca. Pero si no quieres serlo, entonces yo…

Denisa no la dejó terminar y le arrojó el té directamente a la cara. Ofelia terminó empapada, con pedazos de hojas de té colgando de sus exageradas pestañas.

—Tú… —Ofelia estaba tan furiosa que quería lanzarse a rasguñarla.

Denisa le lanzó una advertencia letal:

—Si vuelves a decir una sola pendejada, te arranco la piel y te saco las tripas.

—Denisa, no te rebajes a su nivel. Está chiquita y no sabe lo que dice —intervino Mónica, asustada en el fondo. No se imaginaba que su hija fuera tan despiadada, pero eso demostraba que era ambiciosa y capaz de hacer cosas grandes. Habían acudido a la persona correcta.

—Ya tiene edad para ir a la cárcel —respondió Denisa, implacable—. Lárguense de una vez, aquí no son bienvenidas.

Con una hermana tan desbocada, a Denisa le preocupaba que pudiera arruinar sus planes a largo plazo. Lo mejor era correrlas lo antes posible.

Al ver que sus súplicas no funcionaban, Mónica soltó su última carta.

—Podemos transferirte el cincuenta por ciento de las acciones por debajo del precio del mercado. A partir de ahora, tú mandarías en la empresa de la familia Gutiérrez. Solo queremos salvar el patrimonio —dijo Mónica, desesperada.

Un destello de interés cruzó los fríos ojos de Denisa, quien finalmente extendió la mano:

—Déjame echarle un ojo a los documentos de la empresa.

Como era de esperarse, Mónica venía preparada y le entregó un expediente completo con la información financiera y administrativa.

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