En ese momento, un abrigo negro de hombre se resbaló. Natalia lo apartó a un lado con indiferencia, se levantó y le dijo a su madre:
—Mamá, vamos a sentarnos a la sala de al lado.
Liliana miró hacia la cama del hospital; padre e hija dormían profundamente.
Al ver las ojeras de su hija por cuidar a la niña, Liliana se tragó las palabras que estaba a punto de decir.
Unos días después, Denisa regresó al país tras dar una vuelta por el extranjero.
Dudó una y otra vez sobre aquellas fotos de Luca que tenía en su celular, pero al final no se atrevió a enviarlas.
Nada más llegar al país, Denisa se apresuró a ir a la empresa Altium Médica; había una reunión esperándola como directora.
Al terminar la reunión, Denisa se quedó discutiendo los detalles con algunos de los altos directivos.
Sonó el teléfono fijo.
—Señora Palma, en recepción hay una señora que afirma ser su madre y quiere verla.
Los dedos de Denisa se tensaron alrededor de la pluma.
¿Su madre?
Diecinueve años atrás, en aquel accidente de coche, su padre había muerto en el acto y su madre había desaparecido sin dejar rastro. Para Denisa, ella misma era huérfana.
Pero ahora, una mujer que aseguraba ser su madre la estaba buscando.
—¿Señora Palma? —preguntó la recepcionista al otro lado de la línea—. ¿Quiere que la haga pasar?
Denisa sintió que la cabeza le daba vueltas. Tomó una gran bocanada de aire y respondió:
—Pídales que me esperen en la sala de juntas número tres.
Pocos minutos después, Denisa empujó la puerta de la sala de juntas número tres y entró.
La mujer sentada en el sillón le pareció tan desconocida como familiar.
Sin embargo, esos ojos rasgados y ligeramente levantados en las esquinas eran extremadamente parecidos a los suyos.
Junto a la mujer de mediana edad estaba sentada una muchacha de unos dieciocho o diecinueve años, cuyos rasgos también se parecían en gran medida a los de Denisa. Llevaba un vestido extravagante, el cabello castaño y largo, y unos audífonos. Estaba con la cabeza agachada, revisando su celular, y al ver a Denisa solo levantó la mirada un par de segundos.
—Denisa… —La mujer se puso de pie, con la voz temblorosa, e hizo el ademán de acercarse para tomarle las manos.
—¡No me toque! —Denisa retrocedió tres pasos, marcando su límite de inmediato—. Si tiene algo que decir, dígalo sentada.
—Vayan al grano. ¿Qué propósito tienen al buscarme? ¿Vienen por dinero o por mis contactos? —Denisa miró hacia la puerta, y enseguida un asistente muy atento se acercó a dejarle una taza de té.
Cuando Mónica descubrió los logros de su hija y se enteró de que era la directora de Altium Médica, filial del Grupo Superior, no lo podía creer. Al principio pensó que era solo una coincidencia de nombres, hasta que hace un año vio el rostro de Denisa por casualidad y confirmó que la gerente general de aquella empresa multimillonaria era la hija que había perdido.
—Denisa, yo… —Mónica no supo cómo continuar.
Ofelia, en cambio, fue directa:
—La cosa está así: mis papás tienen una empresa, pero como ofendieron a unos inversionistas pesados, ahorita los tienen bloqueados. Queremos aprovechar tu influencia con la familia Torres para solucionar esto. Eres nuestra hermana, no nos vas a dejar morir solas, ¿verdad?
Denisa clavó una mirada cortante en Ofelia:
—¿Y quién te dijo que no? No tengo ningún lazo afectivo con ustedes. Lo más normal es que las deje a su suerte.
—¡Denisa! —Mónica no esperaba que su hija fuera tan fría. Sintió un nudo en la garganta y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas—. Perdóname, hija. Yo tampoco sabía en qué me estaba metiendo cuando el señor Gutiérrez me salvó. ¿No podrías echarnos la mano? Aunque no estamos al nivel de la familia Torres ni de Altium Médica, también tenemos activos por miles de millones de pesos. Podemos negociar tus condiciones.
Al ver que Denisa se negaba a ayudarlas, Ofelia soltó una carcajada burlona:
—Ay, mamá, ¿qué te dije? Si ella ya casi ni cabe en la familia Torres. El hermano mayor se murió, así que mi queridísima hermana solo es una viuda. Ni siquiera tuvo hijos, ¿cómo crees que se va a mantener en esa familia? Venimos a dar la vuelta de a gratis; si apenas y puede salvarse ella sola.
Mientras hablaba, Ofelia empezó a recoger sus cosas, dispuesta a largarse.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo