Como encargada del desarrollo de tecnología clave, Natalia recibió brindis y halagos de gran parte de los presentes, quienes le recitaban los típicos discursos de cortesía.
Por lo regular, ella era una mujer muy mesurada y reservada. Sin embargo, ese día, al ver cómo la dedicación de su equipo por fin empezaba a rendir frutos, la tensión que había acumulado durante meses se desvaneció. El licor pasó por su garganta, dejándole un ligero sabor dulce y reconfortante.
Darío, que estaba sentado en la cabecera, se levantó y se acercó a ella. Al momento de brindar, bajó un poco su copa respecto a la de Natalia, mostrando una actitud de profundo respeto.
—Natalia, un brindis por ti.
Al escucharlo llamarla por su nombre de pila, ella sonrió.
—Por el esfuerzo de todos, Darío.
No era la primera vez que Darío escuchaba que lo llamara así. Hace unos dos o tres años, durante las reuniones de la familia Torres, ella solía dirigirse de esa forma a los miembros más jóvenes por pura cortesía.
En aquella época, eso no le generaba ningún sentimiento en particular a Darío. Pero ahora, escuchar su nombre pronunciado por esa voz tan nítida y alegre logró conmoverlo de una manera muy extraña.
***
Para cuando terminó la cena, ya había caído la noche.
Natalia había tomado, por lo que no estaba en condiciones de manejar. Darío le ofreció llevarla en su camioneta, junto con otros empleados de la empresa que también aprovecharon el viaje.
Ella aceptó. Se dejó caer en el asiento; su piel pálida había adquirido un ligero tono rosado por el alcohol, y sus ojos se veían acuosos, brillantes y con una mirada algo perdida.
El chofer primero se desvió un poco para dejar a los otros compañeros en sus casas, y luego llevó a Darío y a Natalia rumbo a la exclusiva zona residencial.
La camioneta dobló por la calle principal y se acercó a la imponente residencia de la familia Torres.
Apenas entraron al portón del jardín, Natalia alcanzó a ver una figura parada bajo la luz del pórtico, justo en la entrada principal.
Al acercarse la camioneta y ser iluminado por los faros, se vio que era Luca.
Llevaba ropa cómoda de estar en casa, con un abrigo por encima, y sostenía en brazos a Iria, quien traía puesto su mameluco para dormir.
La pequeña estaba envuelta y bien abrigada contra el pecho de su padre, cubierta por la chamarra.
No estaba claro cuánto tiempo llevaban ahí, padre e hija, esperándola en la entrada.
Al notar la luz del vehículo, Iria, que estaba a punto de quedarse dormida, se talló los ojitos y preguntó con su vocecita infantil:
—¿Ya llegó mi mami?
El vehículo se detuvo frente a la puerta. Al ver a su hija, a Natalia se le bajó un poco el efecto del alcohol.
La puerta de la camioneta se abrió y Darío fue el primero en bajarse. Al ver a Luca, le sonrió y lo saludó:
—Luca, qué frío hace. ¿Por qué tienes a la niña aquí afuera en la entrada?
Luca se le quedó viendo fijamente y en total silencio un par de segundos, antes de desviar la vista hacia Natalia.
Natalia seguía bastante mareada. Intentó apoyarse con cuidado en el marco de la puerta para bajar, pero de pronto se resbaló y por poco se cae.
Darío, casi por instinto, estiró los brazos y la sostuvo por los codos.
—Natalia, con cuidado —murmuró, preocupado.
—¡Gracias! —respondió ella. Una vez que logró mantener el equilibrio, le dedicó una sonrisa de agradecimiento.
—¡Mami! —exclamó Iria, forcejeando un poco en los brazos de Luca e intentando alcanzar a Natalia.
Luca la observaba fijamente. De la nada, sintió una presión en el pecho que lo obligó a respirar hondo. Antes, cuando ella trabajaba en Altium Médica, también había cosechado infinidad de éxitos, pero jamás se le había visto celebrar tomando con tanto desenfreno.
***
El viernes por la tarde, Denisa recibió una llamada de su madre, Mónica.
—Denisa, ¿para cuándo crees que puedas destrabar los permisos para que nuestra fábrica de materiales de construcción vuelva a operar? Los empleados ya traen un alboroto; llevan dos meses sin trabajar. Unos ya renunciaron y otros no paran de quejarse, de verdad es un dolor de cabeza. ¿No podrías tú...?
—¿Me estás queriendo enseñar cómo hacer mi trabajo? —la interrumpió Denisa. Administrar Altium Médica ya la estaba sobrepasando, y que de pronto llegaran a exigirle y a presionarla hizo que explotara. Su actitud se tornó gélida al instante.
—No, no, no, mi niña, no lo decía con esa intención. Es solo que... la verdad, ya nos entró la desesperación. —Mónica no se atrevía a levantarle la voz a Denisa, y mucho menos a imponer ninguna supuesta autoridad materna.
—Esta misma noche tengo una cena para arreglar el asunto. Esperen mis indicaciones —sentenció Denisa. Se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja, revisó la agenda que tenía sobre su escritorio y le colgó sin más.
Al caer la noche, Denisa se preparó para la junta, la cual había organizado en un exclusivo restaurante especializado en cenas de negocios de alto nivel; cada salón privado del lugar gozaba de un prestigio impresionante.
Denisa llegó bastante temprano y únicamente se hizo acompañar por su asistente de mayor confianza, Verónica. No quiso llevar a nadie más.
El personal del lugar abrió las puertas dobles del salón privado, dando paso a cuatro hombres de mediana edad. Todos ellos eran piezas clave en el sector de la distribución de materiales de construcción y controlaban tanto los canales de suministro de materia prima como los precios del mercado.
Denisa apenas si ubicaba de vista a dos de ellos, pero, debido a la diferencia de giros de sus respectivas empresas, jamás había tratado con ninguno a profundidad.
—Señora Palma, quién diría que nos terminaríamos reuniendo bajo estas circunstancias. Es un verdadero placer. —Uno de los hombres, de nombre Benjamín, se le acercó con la mano extendida. Al momento de saludarla, sus ojos no paraban de escrutarla con descaro.
Denisa llevaba puesto un impecable traje sastre blanco con falda y un maquillaje perfecto. No obstante, era evidente la tensión en su mirada, secuela del reciente fallecimiento de su esposo.
Era la imagen viva de la viuda perfecta. Los hombres no pudieron evitar preguntarse si esa noche se sacarían la lotería con ella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo