Se plantó a un lado de Denisa y recorrió con una mirada implacable a los cuatro hombres presentes. Cuando habló, su tono no fue alto, pero estaba cargado de una intimidación aplastante:
—Lamento la interrupción, Benjamín. Necesito arreglar un asunto con Denisa.
Sin decir más, le quitó a ella la copa de las manos y la alzó ligeramente.
—Que sigan disfrutando su velada.
Se tomó el contenido de la copa de un trago y, tras darle unas ligeras palmadas en el brazo a una tensa Denisa, sentenció:
—Vámonos.
La presión que Denisa sentía en el pecho se desvaneció de golpe, reemplazada por una mezcla abrumadora de emociones.
Se apresuró a cambiar su expresión y, con una sonrisa forzada, se despidió de los sujetos:
—Una disculpa enorme a todos. Me acaba de surgir un imprevisto que requiere mi atención, pero otro día nos ponemos al corriente.
Los cuatro hombres se pararon como resortes, alzaron sus respectivas copas y se las bebieron hasta el fondo en un solo movimiento, acatando por completo la intervención de Luca.
Luca sacó a Denisa del salón. Mientras tanto, los cuatro empresarios se quedaron ahí plantados, casi sin atreverse a respirar, hasta que por fin pudieron volver a sentarse.
El estatus de Luca y el poder incalculable del corporativo que lo respaldaba no eran cosas con las que ellos pudieran siquiera soñar en meterse.
—Luca...
Él avanzaba por el pasillo a zancadas con una expresión furiosa.
Denisa, tropezando con sus zapatillas, era incapaz de seguirle el ritmo.
—Ah... —soltó Denisa con un gemido. Simplemente ya no podía dar un paso más. Se dejó caer contra la pared, con los ojos vidriosos por los efectos de la bebida, sosteniéndose la cabeza con una mano.
Luca detuvo su andar, retrocedió unos pasos y se paró frente a ella.
—¿Desde cuándo la directora de Altium Médica tiene la necesidad de arrastrarse de esa forma frente a unos don nadie? ¿De qué te sirve tanta humillación?
Denisa se quedó perpleja. Al instante, se mordió el labio inferior con una evidente expresión de culpa.
El atractivo rostro de Luca denotaba una profunda indignación.
—¿Por qué te quedas callada?
A Denisa se le llenaron los ojos de lágrimas tras el regaño. Apretando el borde de su falda con puro nerviosismo, por fin le confesó a Luca que su madre había reaparecido para exigirle resultados, y le explicó que ese había sido el motivo de su junta con los proveedores de materias primas.
La cara de Luca reflejó sorpresa, y luego se endureció aún más.
—¿Y por qué diablos no me lo dijiste antes? ¿Creíste que ibas a poder tú sola con una bola de buitres en un lugar como ese?
Ante los reproches, las lágrimas de Denisa terminaron por desbordarse.
—Es que no puedo depender de ti para todo... —murmuró, mordiéndose el labio para reprimir un sollozo—. Tú no eres Adrián. No es justo que te ande cargando con mis problemas...
Dicho esto, la mujer se fue deslizando por la pared hasta quedar en cuclillas sobre el suelo. Se abrazó las piernas y escondió el rostro, luciendo increíblemente vulnerable pero terca al mismo tiempo.
Luca la levantó en brazos sin pensarlo dos veces y caminó a paso firme hasta un elegante Bentley negro que los esperaba a la entrada.
Segundos después, el vehículo se fundió con el tráfico de la ciudad.
—Luca, se me revolvió horrible el estómago. ¿Le puedes decir a tu chofer que se detenga ahí adelantito, pasando el puente? —suplicó Denisa, pálida como un fantasma y aferrándose el pecho.
A Luca no le quedó de otra que ordenarle a su asistente, Alberto, que se orillara. Denisa salió disparada hacia unos baños públicos que había en la calle. Estuvo vomitando un buen rato y, tras echarse agua en la cara, volvió a salir.
Las lágrimas que ya se le habían secado regresaron al momento de vomitar y le volvieron a mojar las mejillas.
La brisa helada del río que cruzaba por debajo del puente sopló con crudeza.
En lugar de regresar corriendo al calor del auto, Denisa se quedó parada al borde del andador peatonal con la cabeza agachada.
Sin siquiera voltear a mirar a Luca, clavó la vista en las luces que parpadeaban a lo lejos, en la otra orilla, y murmuró:
—Luca... todo este tiempo pensé que mi mamá estaba muerta. Jamás me pasó por la mente que vendría a buscarme.
Luca no pudo ocultar su sorpresa, aunque él ya conocía la verdadera historia del origen de Denisa por lo que le habían platicado sus padres. En el pasado, durante un viaje de negocios al extranjero, la madre de Luca fue interceptada por unos asaltantes, y el padre de Denisa no dudó en intervenir para defenderla. Aunque la señora Cristina de todas formas perdió algo de dinero, el papá de la pequeña se llevó la peor parte y quedó con una lesión permanente en la pierna.
Años más tarde, sin que nadie supiera bien cómo ni por qué, los padres de Denisa sufrieron un aparatoso choque mientras viajaban por carretera. El hombre perdió la vida en el lugar, y la madre desapareció sin dejar rastro.
Fue entonces cuando Denisa, de apenas nueve añitos, contactó a la familia Torres para pedir asilo, y el resto era historia.
—¿Y no te dio ninguna explicación de por qué tardó todos estos años en buscarte? —le preguntó Luca con el ceño fruncido.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo