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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 135

—Mi mamá me salió con el cuento de que después del accidente perdió la memoria y que fue el señor Gutiérrez quien le salvó la vida. —Denisa soltó una carcajada cargada de sarcasmo—. Sea cual sea la verdadera razón, estoy segura de que no fue algo tan sencillo como dice.

—Entonces... ¿ya la perdonaste? —le preguntó Luca.

—¿Perdonarla? —Denisa soltó una risa amarga e impotente—. A final de cuentas es mi mamá. No la voy a dejar sola en la desgracia. Te juro que mi intención no era ocultarte todo esto, pero no hallaba la manera de decírtelo; pasó de repente...

Denisa giró la cabeza y por fin enfrentó a Luca. El viento jugaba con su largo cabello, dejando al descubierto una mirada plagada de terror y vulnerabilidad.

—Luca, por favor, prométeme que no le vas a decir a nadie. Tengo muchísimo miedo...

—¿Y de qué tienes miedo? —inquirió él, observándola fijamente con auténtica preocupación.

Ella agachó la cabeza. Lucía completamente destrozada.

—Tengo pánico de que tu mamá y la abuela se enteren y me corran de la familia Torres. Sobre todo la abuela; no sé qué le hice para que me odie tanto, pero si descubre que todavía tengo parientes, no va a desaprovechar la oportunidad para deshacerse de mí. Luca, por lo que más quieras, no quiero perder a mi familia.

Verla así, al borde del llanto, sacudió profundamente a Luca.

—Denisa —le respondió él con una suavidad pasmosa—, ya no llores. Tú no tienes la culpa de nada. Si la abuela tiene esa actitud contigo es por una simple cuestión de intereses, pero no creas que la trae contra ti. Si no quieres alejarte de la familia Torres, no tienes por qué hacerlo. Además, el día de la fiesta de cumpleaños de mamá, se hará el anuncio oficial para que pases a ser nuestra hija adoptiva.

Denisa se le quedó mirando con la boca abierta. Luego de procesar sus palabras, una inmensa paz iluminó su rostro.

—Qué alivio. Con que tú me apoyes, ya no me da miedo nada. Otra cosa, Luca... por favor tampoco le comentes nada a Nati, ¿sí? Últimamente me trae muy entre ceja y ceja. O sea, yo sé que ella es buena onda, pero... no me quiero arriesgar a nada.

—No te estreses, de mi boca no va a salir una sola palabra —prometió Luca, transmitiéndole toda su confianza.

—Me estoy congelando, ya vámonos a la casa —soltó Denisa de repente, frotándose los brazos de arriba a abajo.

Luca la escoltó de vuelta a la camioneta. Apenas se acomodó en su asiento, Denisa recargó la cabeza hacia atrás, vencida por el cansancio.

Sin darse cuenta, sintió cómo la cubrían con el peso de un saco de hombre que desprendía un suave y frío aroma a bosque de pinos.

En sueños, Denisa frotó su mejilla contra la solapa del saco, buscando aferrarse un poco más a ese efímero calor.

El lujoso Bentley abandonó la zona del río y se enfiló a toda prisa rumbo a una zona departamental de primer nivel en el corazón de la ciudad.

***

Cuando Luca cruzó la puerta de su casa, ya pasaban de las once de la noche.

Natalia y la pequeña Iria ya estaban sumidas en un profundo sueño.

A la mañana siguiente, la señora Marta se dispuso a lavar a mano una de las camisas de Luca. Sin embargo, en cuanto levantó la prenda, percibió un intenso aroma a flores de cerezo. No era la primera vez que se topaba con esa fragancia en la ropa del señor, por lo que el hallazgo la dejó petrificada.

Ella ya había sentido ese mismo perfume antes; lo usaba Denisa. Por su parte, la señora Natalia trabajaba entre laboratorios, por lo que casi siempre desprendía un tenue olor a medicamentos que resultaba inconfundible. Ambas esencias eran como el agua y el aceite.

Marta ahogó un suspiro. Clavó la mirada en la puerta de la recámara principal, sintiendo cómo se le hacía un nudo en la garganta y una piedra invisible le aplastaba el pecho.

***

Esta cruda revelación hizo que la familia sintiera una enorme punzada de culpa hacia ella.

—Ay, no pasa nada, ahorita pedimos unas cosas que no tengan nada de picante y ya —se apresuró a intervenir Mónica.

Ofelia azotó los cubiertos sobre la mesa con evidente fastidio y se cruzó de brazos a la defensiva.

—Ya bájale a tus ínfulas, hermanita. Tampoco te hagas la mártir. Bien que te embolsaste la mitad de nuestras ganancias, ¿así que con qué cara vienes a exigir?

A Denisa le hirvió la sangre. Su rostro palideció por la furia contenida y fulminó con la mirada a la vulgar de su media hermana.

Félix y Mónica se quedaron helados. No daban crédito a las idioteces que acababa de soltar la muchacha.

Alfredo le llamó la atención a su media hermana:

—Cállate y no te metas. Si la empresa no se fue a la quiebra fue gracias a Denisa, ten tantito respeto.

A Ofelia se le llenaron los ojos de lágrimas al instante.

—Yo nunca dije que no se lo agradeciera, pero nos trata a todos como basura y por su culpa el ambiente está horrible.

Denisa tenía muy claro el jueguito de celos de Ofelia; el hecho de que sus padres ahora le prestaran más atención la carcomía de envidia.

—Ya acepté que tú y nuestra madre son mi familia, así que este vínculo no va a desaparecer, por desgracia —le contestó Denisa con la barbilla en alto, escupiendo un desprecio venenoso en cada palabra—. Si no me soportas, más te vale irte acostumbrando y aguantarte. Cuando por fin seas mejor que yo y llegues a estar por encima de mi nivel, entonces tendrás el derecho de abrir la boca. Pero hasta entonces, cierra el pico.

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