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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 199

—Luca... —llamó ella con suavidad—. Muchísimas gracias por esto.

Luca se detuvo y la volteó a ver. Su temple severo por las negociaciones se había esfumado.

—Denisa, Altium Médica es un brazo fundamental de Grupo Superior, además de que será tu área de trabajo a futuro. No podía permitir que esto fracasara.

Lo dijo con total naturalidad, con esa preocupación paternal típica de un jefe por su empleada o de un hermano por su hermana.

El corazón de Denisa dio un vuelco, e inmediatamente le dedicó una sonrisa.

—Sí, me queda claro.

***

Al día siguiente, los de Vitalis Farma organizaron una cena en un restaurante sumamente antiguo y lujoso.

Los acabados de caoba y las pinturas clásicas creaban una atmósfera relajante.

Tras el estrés de las firmas, los representantes de ambas empresas se sentían sumamente desinhibidos, platicando de maravilla.

Denisa aprovechó la ocasión para ponerse un elegante vestido morado que resaltaba su fina piel y le daba un aura muy seductora.

Con la copa de champán en la mano, charlaba animadamente con Shirley, saltando del inglés al alemán con enorme seguridad y confianza.

Pero, entre bromas y risas, sus ojos no paraban de perseguir a Luca.

Él se encontraba de pie, junto al balcón, con una copa en la mano, atendiendo una llamada telefónica. Por esa expresión tan dulce en su rostro, estaba claro que hablaba con Iria.

Denisa apartó la vista, invadida por una sensación agridulce.

En eso, el director de tecnología de Vitalis Farma se le acercó y la halagó en un español no muy fluido:

—Señora Palma, se ve excepcionalmente bella el día de hoy.

Denisa brindó con él entre risas, presumiendo un poco de humor:

—Es que la victoria hace que uno se vea mejor, ¿no cree?

—Buen punto —rio el extranjero—. Pero tengo que admitir que el señor Torres y usted hacen la pareja de trabajo perfecta.

—Ah, ¿por qué lo dice? —preguntó ella, haciéndose la desentendida.

El hombre sonrió con completa honestidad.

—Él aporta la visión administrativa y usted cuida el desarrollo tecnológico. Es un equipo inmejorable.

La palabra «inmejorable» sacudió los adentros de la mujer, que de forma inconsciente giró para ver al hombre en el balcón.

Después de que todos pasaron a brindar, Denisa caminó lentamente hasta posicionarse junto a Luca.

Apoyó el brazo sobre una mesa con total desenvoltura y lo observó sonriendo.

—Oye, ¿Nati no te hará una escena de celos por haber venido hasta acá?

Luca parpadeó, extrañado, y rio a secas.

—Para nada.

Denisa soltó una carcajadita también.

—Ay, pues quién sabe, los ricos son unos enredados. Pero, la verdad, esa señora Palma es atractivísima, además de que ella y el señor Torres se conocen de toda la vida...

—¡Pobre de la doctora Ortega!

Natalia se congeló afuera de la puerta. Pasados unos segundos, regresó a su oficina a zancadas.

¿Acaso ella era la pobrecita de esta historia? Todo era culpa suya.

Se sentó tras el escritorio y miró la pantalla encendida de su computadora. Sentía la mente en blanco, sin poder formular una idea.

De repente, le vibró el celular; le había llegado un mensaje de Darío, marcado con el número seis.

Con los dedos helados, le dio play al video adjunto.

El video tardó en cargar. Cuando por fin se reprodujo, mostró el interior de un enorme salón adornado con luces y globos. Una multitud de adolescentes vestidos de gala llenaban la pantalla.

Parecía ser una fiesta de graduación de preparatoria. Probablemente la de Denisa.

Traía puesto un despampanante vestido blanco, peinada como toda una princesa de cuento, con una enorme expresión de inocencia adolescente.

Estaba bailando junto a Luca en el centro de la pista de baile. Él tenía las manos posadas casi en el aire, sin atreverse a tocarle bien la cintura. Bailaban impecablemente, dándose aires de un príncipe y una princesa.

En otro corte del video, Denisa estaba jugueteando con Luca y dándole piquetes en el pecho, rogándole que la dejara cambiar de pareja. A continuación, un Adrián bastante condescendiente se acercaba a ella, y Denisa se apoyaba en él, soltando carcajadas.

Mientras tanto, Luca se quedaba de pie, apartado, luciendo muy desilusionado. La cámara se iba alejando poco a poco, impidiendo que el espectador adivinara las intenciones del joven, y ahí terminaba la grabación.

Natalia, luego de haber visto todo aquello, sintió ardor en los ojos. De seguro era cansancio de tanto estar leyendo los números de los análisis clínicos en la computadora.

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