—Sí, pero en ese entonces se lo di a Adrián. Él perdió el suyo y dijo que le urgía.
La sonrisa de Denisa se congeló al instante.
—¿Qué? ¿Se lo diste a Adrián?
Luca asintió.
—Sí, creo que fue la noche de tu fiesta de mayoría de edad. De repente me lo pidió prestado y después no supe dónde quedó.
Denisa sintió que la cabeza se le quedaba en blanco. Su corazón latía cada vez más despacio hasta que, finalmente, la decepción se hizo evidente en su rostro.
¿Cómo podía ser? ¿Acaso esa caja no era de él, sino que era donde Adrián había guardado su vestido manchado de sangre todos esos años?
Denisa se quedó completamente sin palabras.
Luca observó cómo su expresión cambiaba una y otra vez, y preguntó con curiosidad:
—¿Qué había en esa caja? Aunque, de seguro eran puras cosas de Adrián, no estoy muy enterado.
Denisa se quedó clavada en su sitio. La brisa marina le alborotó el cabello.
Fue como si le hubieran echado un balde de agua helada encima, apagando por completo la ilusión que sentía.
El muelle ya estaba muy cerca. El crucero se acercaba lentamente a la orilla y las personas que esperaban en el puerto se veían cada vez más nítidas.
Sin embargo, en el interior de Denisa, algo pareció romperse de repente. Apretó los dedos, se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y forzó una sonrisa.
—La última vez que fui a limpiar tu cuarto con Martina, la vi. Tampoco sé qué tenía adentro, por eso te preguntaba. Como son cosas de Adrián, luego checo qué es.
—Está bien —Luca asintió—. Ya llegamos al muelle.
—Sí. —Denisa sintió un poco de lástima. Durante ese viaje de dos días y una noche, en realidad quería buscar una oportunidad para pasar tiempo con Luca. Pero como estaban Vicente y Rubén, y además no quería que le tomaran fotos comprometedoras, se aguantó las ganas y se mantuvo alejada de él.
Bajó la cabeza, sintiendo cómo se le humedecían los ojos del puro coraje.
Lo que esa caja significaba para ella era de vital importancia; de eso dependía su próximo movimiento.
Pero ahora, de repente se sentía perdida otra vez.
Denisa bajó por la pasarela y pisó el muelle. Luca le preguntó si había traído coche. Ella asintió. Él le recomendó que manejara con cuidado y luego se fue en su propio vehículo.
Cerca de las nueve y media de la noche, el coche de Luca se estacionó frente al edificio de departamentos Gennova Solutions.
Echó un vistazo al último piso; parecía que las luces seguían encendidas.
Caminó hacia el elevador, pasó la tarjeta de acceso y subió al piso de Natalia.
Sonó el timbre. Marta preguntó con curiosidad:
—¿Quién podrá ser a estas horas?
Natalia la detuvo de inmediato:
—Marta, no abras.
—Ya me enteré de que te lastimaste en el incendio —dijo la abuela, acercándose para observarla—. ¿Te lastimaste la pierna? ¿Cómo sigues?
—No es nada grave —respondió Natalia.
La anciana le hizo una seña a Martina para que dejara las cosas en la mesa. Marta se acercó para ayudarle.
—Pídele a Marta que te prepare estos suplementos. Tienes que recuperar fuerzas.
Natalia miró los paquetes con sentimientos encontrados. De toda la familia Torres, la anciana era a quien más cariño le tenía ahora. Aunque a veces era estricta, sabía manejar el hogar a la perfección y tenía muy buen ojo para las cosas. Bajo su mando, la familia Torres funcionaba como reloj. Natalia admiraba mucho el carácter de la señora.
—Abuela, no tenía por qué molestarse tanto —agradeció Natalia.
—Somos familia, no digas tonterías —suspiró la anciana—. Más bien tú eres la que de repente se porta tan formal, y eso a esta vieja la deja algo intranquila.
Natalia no contestó, solo bajó la mirada.
La abuela la miró con cierta pena y un poco de culpa en los ojos.
—Ese muchacho de Luca de verdad que se ha pasado de la raya con algunas cosas. —La anciana se daba cuenta de todo—. Pero no te preocupes, luego voy a cantarle sus verdades y te haré justicia.
Natalia se sorprendió e intervino de inmediato:
—Abuela, de verdad, no hace falta...
—Claro que sí —la interrumpió con un tono que no admitía réplicas—. Eres su mujer, la madre de su hija. Si estás herida, él debería estar pegado a ti. Tal como cuando él tuvo aquel accidente de coche y te quedaste cuidándolo tres días con sus tres noches sin separarte de su lado. ¿Cómo es posible que se le olvide el compromiso que tiene contigo?

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo