Natalia se quedó pasmada. De pronto recordó que, en su tercer año de matrimonio, Luca se había ido de viaje de negocios y un coche lo chocó por detrás. Terminó hospitalizado con una pierna fracturada, y ella viajó de inmediato a otra ciudad para cuidarlo.
En aquel entonces, se comportaba como una tonta enamorada. Lo único que le importaba era tratarlo bien, ser cada vez mejor con él.
Natalia bajó la mirada.
La abuela se quedó un rato más. Luego le recomendó que descansara y se recuperara bien antes de marcharse.
Al ver a Natalia sentada sola en el sillón y recordar las palabras de la señora, Marta sintió mucha pena por ella. Comprendió que, a veces, hay sacrificios que nunca son correspondidos.
La anciana, que ya se había enterado de que Luca había desaparecido la noche que Natalia estuvo en el hospital, lo llamó por teléfono sin dudarlo.
Luca contestó bastante rápido.
—Abuela, ¿pasó algo?
—¿Dónde estás?
—En la empresa.
—Te estoy preguntando en dónde estabas anoche —recalcó la anciana.
Luca se quedó callado un segundo y luego respondió:
—Ahorita estoy en una junta, abuela. Te cuelgo.
La anciana escuchó el tono de llamada finalizada y su rostro se ensombreció por el coraje.
Le ordenó al chofer:
—Vamos al corporativo.
En el camino a la empresa, su celular volvió a sonar. Era la señora Dolores Suárez.
—Dolores, ¿qué novedades hay? —preguntó Josefa con un tono tranquilo.
Doña Dolores dijo algo del otro lado de la línea que hizo que el semblante de la abuela cambiara poco a poco.
—¿Conque así están las cosas? ¿Lo dijo el propio Ángel?
Escuchó un poco más. Para entonces, la cara de Josefa ya reflejaba su enojo.
—Está bien, ya me quedó claro. Platicamos luego.
Al colgar, la anciana aventó el celular en su bolsa y resopló molesta.
Martina, que iba a su lado, preguntó con cautela:
—Señora, ¿por qué se enojó?
La abuela tenía una expresión lúgubre y el ceño fruncido.
—Lo de Denisa con Ángel Suárez se vino abajo.
Martina se sorprendió, pero al mismo tiempo era algo que se veía venir. No se atrevió a decir nada más.
Josefa clavó la vista en la ventana con la mirada cada vez más severa.
La señora Suárez le había comentado que su nieto apreciaba mucho a Denisa, pero que por el momento no quería una relación amorosa, sino que prefería que fueran solo amigos.
Josefa sacó de inmediato su celular y mandó un mensaje. Al poco tiempo, recibió una serie de fotos.
Por fin descubrió en dónde había andado de fiesta Luca la noche anterior.
Había asistido a una fiesta en un crucero, y Denisa también estaba ahí. Al igual que Ángel.
Al conectar todos los hechos, el rostro de Josefa palideció de furia.
Presionó al chofer:
—Métele el acelerador. A ver con qué cuento me sale ahora, quiero saber qué demonios está tramando.
—Sí, lo sé.
—Entonces explícame, ¿por qué de repente Ángel ya no quiere salir con Denisa?
El semblante de Luca cambió radicalmente.
—Abuela, la verdad no estoy enterado. Pregúntele a ellos, son los interesados.
—¿No estás enterado? —La anciana se dio la media vuelta, se sentó en el sillón y apoyó las manos en los reposabrazos, soltando una risa fría—. Tú y Denisa se pasaron toda la noche de ayer juntos en el crucero, ¿verdad?
Luca frunció el ceño e intentó justificarse:
—Abuela, eso que dice suena a que hice algo indebido y se presta a malentendidos.
—Solo quiero que me digas la verdad.
—La verdad es que a Denisa y a mí nos invitó Oliver Gómez al mismo evento, y nada más. —En eso, Luca sí fue honesto.
Al verlo tan seguro de sí mismo, la anciana se enojó todavía más.
—Luca, soy tu abuela. Esos trucos tuyos engañarán a otros, pero a mí no. Seguro le dijiste algo a Ángel para que dejara de buscar a Denisa, ¿no? No me digas que hasta lo amenazaste.
—No lo hice —respondió él en tono neutro—. Solo le aconsejé que no intentara volar demasiado alto y que supiera cuál era su lugar.
Al escuchar eso, a la anciana le dio una risa amarga y soltó con sarcasmo:
—¿O sea que estás diciendo que Ángel es poca cosa para ella?
—¿Acaso no es así? ¿En qué cabeza cabe que está a la altura de Denisa? —El tono de Luca se tornó serio—. Abuela, a ese tipo le falta mucha calidad moral. En el futuro, por favor no le ande presentando a cualquier hijo de vecino a Denisa, no la arrastre al fango.
La anciana abrió la boca para gritarle, pero por un momento las palabras se le atoraron en la garganta. Solo se limitó a lanzarle una mirada fulminante.
—Ese cisne blanco que tanto defiendes bien podría tener el alma más negra que el carbón.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo