—S-sí, la Señora Winston no me ha llamado. No consigo contactar con ella. Q-quizás me haya bloqueado.
¡Clink!
Troy dejó el tenedor, con el rostro sombrío, y se marchó sin decir palabra. Laura se quedó paralizada. Lo había entendido todo mal. Si Ayla molestaba a Troy, él siempre perdía los estribos. Laura solía esperar que Ayla le hiciera el vacío a Troy durante unos días. Ya no.
Incluso como persona ajena a la situación, Laura podía ver que Troy solo respondía a la amabilidad, nunca a la presión. Ayla debía saberlo incluso mejor que ella. Nunca debería haber intentado hacerse la difícil con él desde el principio. Y ahora, por culpa de ese juego, le había complicado la vida a Laura.
«Qué fastidio».
…
Cuando Troy llegó a la oficina, terminó la reunión rutinaria. Poco después, su secretaria llamó a la puerta y le llevo una bolsa de regalo. La abrió. Dentro había un sencillo anillo de plata. Max ya le había mencionado que Ayla había vendido su anillo de bodas y había ido de compras a otras joyerías.
«¿Así que ese era el nuevo truco que guardo bajo la manga después de desaparecer de mí vida durante los últimos 2 días?».
Quizás, Ayla aparecería más tarde en la oficina con una fiambrera para él. Troy frunció el ceño al pensarlo. Cerró de golpe la caja del anillo, la tiró a un lado y se sumergió en el trabajo. Un momento después, llamó a Jed y le dijo con frialdad:
—No dejes entrar a Ayla en la oficina hoy. —Odiaba sus juegos.
Después de colgar, Troy tiró la caja del anillo directo a la basura.
…
Ayla comenzó su jornada laboral un lunes por la mañana, a la hora habitual, en su escritorio. Su vida había cambiado desde el matrimonio, cuando era ama de casa a tiempo completo. Durante una cena familiar a la que Martin no asistió, Carmen la humilló públicamente.
La criticó por su inactividad, por ser una carga para la familia, por descuidar a Troy y, especialmente, por no haber dado un hijo. Carmen llegó a decir que el nombre de Ayla la avergonzaba ante sus amistades. Troy presenció el ataque, pero no intervino.
Permitió que su madre la hiriera con sus palabras. Esa misma noche, Ayla actuó: envió su currículum, no al Grupo Winston de su familia política, sino al Grupo Storm. Esta última era una potencia tecnológica multimillonaria, fundada en solo cinco años.
Un puesto de secretaria en el Grupo Storm exigía la graduación de una de las mejores universidades del país, requisito que Ayla cumplía. Ella era graduada en Informática por la Universidad de Agron, la carrera más demandada entonces.
Aunque podría haber aspirado directo al departamento de investigación, los puestos tecnológicos implicaban una carga laboral extrema: horarios extenuantes, horas extras constantes y noches sin dormir en proyectos importantes. Si trabajaba allí, no podría dedicarle tiempo a Troy.
Por eso, eligió un puesto más flexible: secretaria administrativa en la oficina del presidente. Cuando Martin se enteró, quiso que trabajara en el Grupo Winston, argumentando que en la empresa familiar tendría más flexibilidad, menos carga de trabajo y un horario relajado.
Sin embargo, Ayla era consciente del desprecio de Carmen. Unirse al Grupo Winston solo le daría a Carmen la oportunidad de hacerle la vida imposible y acusarla de querer apoderarse de la fortuna de los Winston. En el Grupo Storm, Ayla se mantenía al margen de esos conflictos.
La semana anterior, al descubrir su embarazo, Ayla había redactado su carta de renuncia. No obstante, sus planes habían cambiado. Ahora veía la necesidad de terminar su tesis y seguir de cerca la investigación del sector.
El Grupo Storm, como líder tecnológico, le ofrecía recursos y oportunidades inigualables. Además, su puesto de secretaria le dejaba suficiente tiempo para dedicarse a su artículo de investigación.
—Ayla, ¿por qué no has traído hoy el almuerzo? —Su compañera de trabajo se inclinó con curiosidad desde el escritorio contiguo.
A veces, Ayla llevaba al trabajo una delicada fiambrera con comida casera. Pero cada vez que llegaba el mediodía, la tomaba y salía de la oficina. Nadie sabía a quién se la llevaba en realidad. El almuerzo era algo que preparaba para Troy.
Cada vez que Troy salía a cenar con clientes, ella se levantaba temprano a la mañana siguiente para prepararle algo ligero para el estómago. Lo más fácil habría sido que él mismo se lo llevara, pero a Troy no le gustaban las complicaciones.
Así que Ayla tenía que llevarlo a la oficina y entregárselo en taxi durante su descanso. Por suerte, su oficina no estaba lejos y ella podía llegar a tiempo.
—No me apetece preparar el almuerzo —dijo Ayla con tono seco.
Ahora ya no era necesario. En ese momento, Blake Pope, la jefa de la oficina de las secretarias, irrumpió en la sala con una gran noticia.
—El presidente regresa al país el próximo lunes. Necesitamos que todos los departamentos organicen sus archivos e informes. Asegúrense de que todo esté completo y sea preciso para su revisión. —Golpeó la mesa con fuerza—. Muévanse rápido, gente.
El auge de Grupo Storm en los últimos años había sido nada menos que un milagro. Pero lo más misterioso de todo era su fundador. Él había estado en el extranjero, abriendo nuevos mercados, mientras que el vicepresidente, Herman Howell, se encargaba de gestionar las cosas en la sede central.


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