Por el contrario, en los hogares donde trataban al hijo varón como a un intocable emperador, este crecía tan consentido y arrogante que sus futuros matrimonios solían ser un desastre lleno de pleitos.
Alejandro se inclinó para depositar un tierno beso en su mejilla y le dijo en broma:
—O sea que nuestro segundo bebé es nada más un regalo para Aurora, ¿verdad?
Elena soltó una carcajada dulce.
—Claro que no, ¿cómo crees? Este nuevo bebé será nuestro adorado tesoro. Es solo que, como Aurora fue nuestra primogénita, no puedo evitar tenerle un apego un poco más especial. Ya sabes lo que dice la gente, que los padres nunca pueden ser completamente imparciales y siempre hay un consentido. Pero te juro que me esforzaré muchísimo por tratarlos con igualdad para que ninguno se sienta desplazado.
Alejandro asintió, besando su frente:
—Sé que lo harás de maravilla, mi amor.
Desde que se habían convertido en padres, se habían dado cuenta de que el aprendizaje nunca terminaba.
Él se recostó a su lado, abrazándola con infinito cuidado.
Esta vez, Alejandro ya no estaba devorando el libro de crianza como un desquiciado todos los días, como lo hizo en el primer embarazo.
Al fin y al cabo, toda la experiencia que había adquirido criando a Aurora le daba cierta tranquilidad y soltura.
Elena acomodó su cabeza en su pecho y comentó:
—Últimamente me salen muchos videos sobre cómo criar y manejar a un segundo hijo. Tienen consejos súper interesantes, luego te los paso para que los veamos juntos.
Alejandro soltó una risa suave:
—Me parece perfecto.
Le hizo cariños rozando su nariz contra la de ella.
Elena soltó una risita cosquillosa y escondió su rostro en el pecho ancho de su esposo.
—Alejandro, nuestro segundo bebé llegará sano y fuerte a este mundo. Por favor, deja de angustiarte tanto.
Cada vez que él la acompañaba al hospital para sus tratamientos de hierro debido a su anemia, su rostro reflejaba una tensión absoluta y un miedo latente.
Y debido a los cambios hormonales que le habían hecho ganar algo de peso y alterar sus niveles de azúcar, él mismo se encargaba de revisarle la glucosa diariamente. Luego, con meticulosa atención, le daba indicaciones precisas a la cocinera sobre lo que Elena podía y no podía comer.
Alejandro dejó escapar un suspiro hondo y, estrechándola un poco más, confesó:
—¿Cómo no voy a preocuparme, Elena? Hace un rato decías que los padres no pueden evitar tener preferencias... Pues yo soy exactamente igual; amo profundamente a nuestros hijos, pero a la que más venero y cuido en este mundo, es a ti.
Y es precisamente porque te amo tanto, que valoro con toda mi alma a los hijos que me das.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....