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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1031

Al escuchar su nombre, el fotógrafo mencionado sintió que el alma se le caía a los pies.

No tenía la más mínima intención de aguantar los berrinches de esa mujer caprichosa.

Eustaquio se sumó a la demanda, inflando el pecho:

—Pagaremos lo que haga falta, pero exigimos que nuestras fotos salgan mucho mejores que las de ellos.

Milena asintió con altanería:

—El dinero no es problema para nosotros. Solo queremos resultados a la altura.

El fotógrafo pensó para sus adentros que le estaban pidiendo un milagro imposible de cumplir.

Por otro lado, el primer fotógrafo, al enterarse de que lo habían relevado, respiró profundo, agradeciendo al cielo que lo hubieran quitado de esa pesadilla.

Y como era de esperarse, al finalizar la nueva sesión, Milena seguía igual de insatisfecha con el resultado.

A estas alturas, hasta al dueño del lugar se le había borrado la sonrisa, harto de sus exigencias sin sentido.

Por supuesto, Milena estaba convencida de que el problema no era su falta de atractivo, sino la incompetencia de los trabajadores del lugar.

Volteó a ver a Eustaquio y le dijo despectivamente:

—Creo que lo mejor será buscar otro lugar. Está claro que aquí no tienen el nivel que requerimos.

Eustaquio asintió sin chistar:

—Lo que tú digas, mi amor.

Cuando el dueño por fin los vio cruzar la puerta, pensó para sí mismo que, si en el futuro alguien de la familia Valiente volvía a pisar su estudio, simplemente les diría que no había lugar en la agenda.

Ese estudio fotográfico en Ciudad del Norte tenía más de diez años de trayectoria. Su reputación era tan impecable que hasta celebridades de renombre acudían allí con frecuencia.

Si Milena consideraba que su trabajo no daba la talla, pues que buscara a alguien más para hacer sus ridículas exigencias.

***

Esa misma tarde, Elena envió la foto familiar recién retocada al grupo de chat de la familia.

De inmediato, la anciana Alvarado y la anciana Valverde llenaron el chat de elogios y bendiciones.

Luego, Elena le reenvió el retrato a la anciana Vargas, a la abuela Navarro y a su tía Carmen.

Al ver la foto, la abuela Navarro le mandó un mensaje de voz:

—Mi Aurora está cada vez más grande y preciosa. La próxima vez que las vea, le llevaré unos vestidos nuevos que le compré, ¡son una belleza!

Cuando Elena era apenas una niña, su abuela también solía consentirla comprándole montones de vestidos para tenerla siempre arreglada y hermosa.

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