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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1033

Ariadna sonrió de oreja a oreja al hablar del profesor Osvaldo y exclamó:

—¡El profesor Osvaldo cocina delicioso! Hace unas comidas increíbles.

La abuela Navarro también asintió, mostrando su completa aprobación:

—Es un muy buen hombre, sí señor. Cuando Carmen está trabajando hasta tarde, él viene a la casa, hace de comer, limpia todo, y se encarga de lo que haga falta. Es una persona centrada, de familia y muy trabajador.

Al escuchar tantas alabanzas de boca de las mujeres que más respetaba, Elena sintió que la curiosidad la consumía por conocer a aquel hombre.

Esa noche, toda la familia se arregló y se dirigieron al famoso restaurante tradicional del centro.

Nada más entrar al salón privado que habían reservado, se encontraron con el prometido de Carmen y su hija adolescente.

Con una sonrisa iluminándole el rostro, Carmen hizo las presentaciones:

—Familia, les presento a Osvaldo Solano, y ella es su hija, Esperanza Solano.

Ariadna corrió enseguida a abrazar a Esperanza, tomándola alegremente de la mano.

Era evidente que las dos niñas se llevaban de maravilla y ya se querían como hermanas.

Osvaldo había sido maestro titular en una escuela pública antes de independizarse para abrir su propio centro de asesorías. Era un hombre alto, de complexión delgada, pero que transmitía una tranquilidad y una calidez enorme; en resumen, todo un caballero con clase.

Al ver la forma tan dulce y armoniosa en la que trataba a su tía Carmen, el corazón de Elena se llenó de alegría por ella.

Por años, su tía había jurado que estar sola era su mejor opción, pero qué bendición tan grande era encontrar por fin a un hombre bueno y sincero con quien construir una vida hermosa.

Mientras comían, Carmen les compartió sus planes futuros:

—Los padres de Osvaldo viven en su pueblo natal y no quisieron mudarse a la ciudad. Así que, después de la boda, él y Esperanza se vendrán a vivir conmigo. Hace poco aproveché para comprar la casa de al lado; pienso tirar la pared que nos divide para unir ambas casas y así todos tendremos un montón de espacio.

En los últimos dos años, los negocios de Carmen habían florecido de manera impresionante. Ahora se notaba a kilómetros el aura de seguridad e independencia financiera que irradiaba.

Por su parte, Osvaldo era propietario de un pequeño departamento en Ciudad del Río, y ya habían acordado que lo pondrían en alquiler.

Había sido decisión suya entregarle íntegramente las ganancias de esa renta a Carmen.

Es más, incluso había accedido a entregarle también su sueldo mensual para que ella administrara las finanzas de la casa.

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