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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 111

Diego no entendía por qué Elena llevaba tanto tiempo mostrándose tan distante con él, pero de pronto creyó entenderlo.

Así que, después de todo, se estaba comportando así por puros celos.

Solo tendría que hablar con ella y explicarle bien las cosas cuando regresara a casa esa noche.

Cuando él y Elena recién empezaron a salir, también había muchos rumores falsos sobre sus supuestas aventuras, pero en aquel entonces bastaba con que él se lo explicara para que Elena confiara ciegamente en él.

Pero ahora, Elena estaba haciendo de todo esto un conflicto mucho mayor de lo que él creía.

Seguramente llevar tantos años encerrada en la casa la había hecho empezar a imaginarse cosas.

Adriana se molestó aún más al notar que Diego no le quitaba los ojos de encima a Elena.

Al terminar la cena, Elena salió del restaurante junto con los demás.

Diego había recibido una llamada a mitad de la reunión y se había ido junto con Adriana.

A Elena no le importaba en absoluto a qué habían ido.

Tras pedir un coche desde su celular, Elena se subió.

En ese momento, Diego la llamó:

—Elena, ya casi termino mis asuntos y voy de regreso. Espérame en el restaurante, paso por ti.

—No es necesario, tú sigue en lo tuyo —respondió Elena con tono indiferente—. Ya pedí un coche y voy en camino.

—Está bien, entonces te espero en la casa.

Elena colgó y se quedó mirando el paisaje nocturno por la ventana.

El chofer contestó una llamada y de repente le dijo a Elena:

—Disculpe, señorita, de verdad me apena mucho. Mi esposa acaba de llamarme para decirme que mi hijo se intoxicó con algo que comió y tengo que ir al hospital de inmediato. No le voy a cobrar el viaje, pero ¿podría bajarse y pedir otro coche?

Al ver que el señor tenía una emergencia familiar real, a Elena no le quedó de otra más que bajarse.

Sin embargo, en esa zona era complicadísimo conseguir transporte. Elena esperó media hora y no pasó ni un solo coche disponible.

Recordando que Diego se había ofrecido a recogerla, pensó que no sería mala idea aceptar su ayuda y le marcó.

Pero, para su sorpresa, después de mostrarse tan considerado hacía apenas un momento, ahora su teléfono la mandaba directo al buzón.

Soltó una risa amarga.

Claro, ¿cómo se le ocurría esperar que Diego de verdad fuera a recogerla?

—Señor Vargas, qué suerte encontrarlo por aquí. Muchas gracias por traerme.

Elena, que había estado un buen rato a la intemperie, ya tenía la punta de la nariz roja por el frío.

Al entrar al calor del vehículo, no pudo evitar estornudar.

Alejandro le tendió un pañuelo de papel. Elena lo tomó y se lo agradeció.

Sus dedos rozaron los de él por accidente y ella retiró la mano de inmediato, sobresaltada por aquel contacto.

Alejandro pareció no darle importancia y le indicó al chofer que avanzara.

Elena se limpió la nariz y le dijo:

—Si lo desvío mucho, señor Vargas, puede dejarme en algún lugar donde sea más fácil pedir un coche o cerca de una estación de metro.

Viendo que había tomado, supuso que tendría muchas ganas de llegar a su casa a descansar.

Pero Alejandro respondió:

—No hay problema.

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