—¡Dante, así es como cuidas de Bianca! —gritó Hugo, fuera de sí—. ¿Cómo pudiste dejar que regresara sola a Ciudad del Río? ¡Si algo le pasa, es tu culpa por no haberla protegido!
Dante tenía la mente en blanco, solo podía pensar en su esposa que luchaba por su vida en el quirófano; ni siquiera entendía lo que el otro hombre le gritaba.
Hugo continuó lanzando acusaciones. Isidora, siendo la hija adoptiva de Dante, se quedó de pie sin hacer el menor intento por defender a su padre.
Elena no pudo soportarlo más. Se acercó, sostuvo del brazo a Dante y se dirigió al director Valiente.
—Director Valiente, la señora Bianca sufrió un terrible accidente, y le aseguro que el director Valverde es quien más está sufriendo en este momento —dijo Elena con voz firme—. Usted es un extraño ahora. Pararse aquí a señalar y juzgar a la familia de Bianca no es apropiado.
La palabra «extraño» fue como una puñalada directa al orgullo de Hugo.
Sí. Él y Bianca se habían divorciado hacía mucho tiempo.
Ahora, el legítimo esposo de Bianca era Dante.
Él ya no tenía ningún derecho a hacer nada ni a decir nada en nombre de Bianca.
Sintió un vacío insoportable en el pecho, como si le hubieran arrancado un pedazo del alma.
Si hubiera sabido que perdería a Bianca para siempre, jamás habría cometido aquel error en el pasado.
Al ver lo pálido que estaba Dante, Elena lo ayudó a sentarse a un lado.
Dante no apartó la mirada de la pantalla sobre la puerta del quirófano.
No fue hasta que el letrero indicó que la cirugía había terminado que se puso de pie, tambaleándose hacia la puerta.
El médico y las enfermeras salieron.
La señora Valverde seguía inconsciente.
—¿Cómo está mi esposa? —preguntó Dante con la voz quebrada.
—La paciente sufrió un traumatismo craneoencefálico severo por el accidente —explicó el doctor con rostro grave—. Aunque la cirugía fue un éxito, la recuperación neurológica es incierta. Actualmente está en coma profundo. No podemos determinar cuándo despertará, y existe un alto riesgo de que quede en estado vegetativo a largo plazo. Seguiremos monitoreando de cerca sus signos vitales y funciones cerebrales, pero les pido que se preparen para cualquier escenario.
Al escuchar que su esposa podría quedar en estado vegetativo, los ojos de Dante se llenaron de lágrimas.
—Bianca, no puedes hacerme esto. No puedes dejarme solo —susurró.
Isidora fingió desmayarse, cayendo al suelo envuelta en llanto.
Hugo tragó el nudo en su garganta y decidió que, por el amor que le tuvo a Bianca, se encargaría de cuidar a Isidora. La levantó y la llevó a buscar a un médico.

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